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Facebook: víctima de la posverdad o cómo prevenir las noticias falsas

- 30.01.2017, 10:33
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Las noticias falsas alteran, corrompen y, en ocasiones, definen el ánimo político de los ciudadanos. En Estados Unidos las campañas presidenciales estuvieron acompañadas por la intencional propagación de mentiras presentadas como informaciones verdaderas. La plataforma digital más utilizada en esa deliberada labor para confundir y engañar fue Facebook, la red sociodigital con mayor presencia en el mundo y que es tomada como fuente de noticias por 44 por ciento de los estadounidenses.

La eficacia de una noticia radica en su credibilidad. Aunque anuncie un hecho inusitado o extravagante, si hay quienes la crean esa información circulará y convencerá. En la campaña estadounidense de 2016 la polarización política, así como la voluntad de muchas personas para creer en conspiraciones y truculencias que de otra manera serían inverosímiles, permitió que las noticias falsas fueran consideradas como ciertas. Algo similar sucedió en México a comienzos de 2017, cuando ocurrió una oleada de saqueos estimulados desde las redes sociodigitales que exageraron las de por sí graves informaciones acerca del disgusto social con motivo del aumento en el precio de las gasolinas.

En un estudio difundido en enero de 2017,  los investigadores Hunt Alcott y Matthew Gentzkow encontraron que la información falsa en las redes sociales favoreció mucho más a Donald Trump que a Hillary Clinton. De las notas falsas localizadas por esos académicos de las universidades de Nueva York y Stanford y relacionadas con el proceso electoral en aquel país, las que beneficiaron a Trump o perjudicaron a Clinton fueron compartidas en 30 millones de ocasiones. Las notas falsas pro Clinton y anti Trump circularon 7.6 millones de veces.

En una encuesta realizada por esos mismos investigadores, 15 por ciento de los ciudadanos entrevistados recordó haber visto alguna de esas notas falsas y 8 por ciento dijo haber creído en ellas.

La red sociodigital más frecuentada se ha convertido en una plataforma para difundir falsedades. La relevancia de esos contenidos no descalifica la autenticidad de muchos otros que circulan en Facebook pero obliga a los usuarios, y a los operadores de esa red, a desconfiar, verificar y justipreciar ante cada información sobre asuntos públicos que se coloca allí.

Compartir notas falsas es legitimarlas

El sitio BuzzFeed.com publicó en diciembre un inventario de las 50 noticias falsas más propaladas en Facebook durante 2016. La nota falsa que tuvo más repercusiones en línea se refería a una supuesta decisión del presidente Barack Obama para prohibir el juramento a la bandera que se hace de manera regular en todas las escuelas. Esa falsa versión recibió casi 2.2 millones de reenvíos, comentarios y reacciones. 

La falsa versión de que el Papa Francisco apoyaba a Donald Trump, difundida en octubre, alcanzó 961 mil reacciones. Otra mentira, que propalaba que un agente del FBI que investigaba los correos de Hillary Clinton había muerto, tuvo 561 mil reenvíos y adhesiones. Una más, según la cual el líder del grupo terrorista ISIS había llamado a los estadounidenses musulmanes para que votasen por Clinton, tuvo 523 mil reacciones.

La mayor parte de las notas falsas colocadas en Facebook se origina en sitios creados para engañar. Por ejemplo “abcnews.com.co”, que mucha gente confunde con el de la cadena televisiva de esas siglas y cuyo sitio es “abcnews.com”. El carácter estruendoso, la manera como descalifican a personajes públicos o simplemente las ganas de creer en ellas, son causas para que millones de usuarios de Facebook legitimen, al colocarlas en sus muros, esas notas falsas.

Cuando las noticias falsas circulan en una red como Facebook, ganan la credibilidad de los amigos o seguidores de quienes las propagan. A diferencia de los contenidos de los medios de comunicación de masas, que se dirigen a toda la sociedad o a segmentos amplios de ella, en las redes sociodigitales las audiencias se encuentran compartimentadas de acuerdo con la autoselección de quienes forman parte de la red de seguidores o amigos de cada usuario. Esos adherentes de la red de cada persona por lo general tienen preferencias y convicciones similares. Las informaciones que intercambian suelen estar definidas por los mismos sesgos y, por lo general, no son contrastadas por usuarios con otros puntos de vista.

Esa creación de “burbujas” articuladas por quienes tienen opiniones y concepciones similares favorece la autentificación de mentiras. Muchos seguidores de Trump quisieron creer las informaciones falsas acerca de la señora Clinton porque reforzaban sus prejuicios o simpatías. El carácter reticular de Internet, que se replica en cada una de esas redes, impide o dificulta la censura y ha favorecido el ejercicio de la libertad. Pero además, la plausible ausencia de un eje ordenador desde donde se pudiera controlar la circulación de contenidos hace de Internet un espacio abierto a engaños de toda índole.

Reglas y profesionales para verificar

Las redes digitales son instrumentos que propagan contenidos colocados por sus usuarios. La propagación de mentiras no es culpa de Twitter, YouTube o Facebook sino de los mentirosos que quieren aprovecharlas para confundir. Por eso la solución al auge de versiones falsas no es atemorizarnos ante esas redes, ni atribuirles los usos embaucadores, sino hacer un esfuerzo para identificar y desacreditar la información engañosa.

Los operadores de Facebook reaccionaron con prontitud a los cuestionamientos que recibió la difusión de mentiras en esa red después de las elecciones estadounidenses. Mark Zuckerberg, el creador y dueño de Facebook, escribió en su muro el 18 de noviembre: “Tomamos con seriedad la desinformación. Nuestra meta es conectar a la gente con las historias que encuentras más significativas, y sabemos que la gente quiere información precisa… Históricamente, hemos confiado en nuestra comunidad para que nos ayude a entender qué es falso y qué no. Cualquiera en Facebook puede reportar cualquier enlace como falso…”

El carácter abierto y colaborativo de Internet ha sido el mejor recurso para señalar y remediar engaños y errores. Allí radica el éxito de Wikipedia, la enciclopedia en línea en donde cualquier persona puede colocar contenido y cualquiera, también, puede enmendarlo. Los propios usuarios se corrigen unos a otros. De ese estilo tendría que ser la solución ante las noticias falsas pero en Facebook la información engañosa no sólo aparece una, sino a veces centenares de miles de veces. El problema no es la colocación de mentiras sino la propagación intensa, o viralización, que esas falsedades llegan a tener.

Por eso Facebook se ha propuesto someter a la consideración de grupos de periodistas o analistas profesionales el examen de noticias consideradas como falsas para, entonces, señalar que hay dudas sobre ellas o que, de plano, son mentiras.

El Facebook Journalism Project desarrolla dos líneas de acción. Por una parte, se asoció con el Instituto Poynter de Periodismo que en septiembre de 2015 creó un programa de verificación de hechos (fact-checking) sustentado en principios como la transparencia en la comunicación de hechos, la identificación de las fuentes y en la metodología para seleccionar y elaborar las noticias, así como con el reconocimiento de errores y la disposición a esclarecerlos. Esos principios han tenido la adhesión de docenas de empresas periodísticas y organizaciones dedicadas a verificar información, entre ellos ABC News, AP y el Washington Post de Estados Unidos, el grupo Chequeado de Argentina, Full Fact del Reino Unido, Ojo Público de Perú, Pagella Politica de Italia, Pesa Check de Kenia y VozUkraine de Ucrania.

Al mismo tiempo, Facebook y varias docenas de medios participan en la coalición First Draft News que se propone crear redes para la revisión de noticias en línea. Allí participan medios como CNN, ABC y NBC News, Reuters, The New York Times, The Guardian y AP, entre otros, además de redes digitales como YouTube y Twitter. First Draft se propone establecer una redacción en línea para “investigar los orígenes y la autenticidad de imágenes, fotografías, videos o quejas que hubieran sido denunciadas”. Facebook se ha comprometido a mostrar una indicación en las noticias que sean denunciadas como falsas y, cuando lo haya, incorporar el dictamen de ese grupo de verificación.

Marcar notas falsas, antes que retirarlas

La indagación de una nota que alguien coloca en línea sin indicar fuentes de manera clara no siempre es sencilla. Un estudio de Arkaitz Zubiaga y otros investigadores de la Universidad de Warwick encontró que es más fácil verificar los rumores verdaderos que los rumores falsos. En las experiencias así analizadas, las versiones ciertas pudieron ser comprobadas en un promedio de dos horas. Pero los rumores falsos requerían de 14 horas en promedio para ser aclarados.

La verificación, incluso, tiene que incluir a los verificadores. Recientemente, en Suecia, surgió el portal Mediekollen cuyos editores dijeron que tenían el propósito de señalar noticias falsas. Sin embargo, ese sitio era, como lo calificó The Guardian, “una herramienta de desinformación” y se dedicaba a legitimar noticias de ultraderecha aunque tuvieran datos claramente falsos y a respaldar posiciones favorables a Rusia. El gobierno ruso ha sido señalado por las agencias de seguridad de Estados Unidos como constante fuente de noticias falsas, especialmente desde el canal de televisión RT (www.rt.com).

La proliferación de noticias falsas suscita nuevos e interesantes dilemas. Facebook responde con presteza a la diseminación de mentiras que pueden alcanzar consecuencias políticas históricas porque su patrimonio esencial no son los servidores en donde almacena nuestra información, ni los datos que toma de nuestros muros. Si Facebook funciona, se mantiene y crece es gracias a la confianza de sus usuarios. Por eso, además de cualquier consideración ética y política, atajar la diseminación de mentiras es asunto de negocios.

Para que esa tarea no se convierta en censura es importante que, más que retirar noticias falsas, se les marque con toda claridad como tales. Pero la tarea de los verificadores puede ser inagotable si no se busca resolver las causas de la propagación de noticias falsas. Por una parte, las mentiras son diseminadas de manera intencional. En algunos casos se les emplea como recurso político para desatar dudas y favorecer posiciones de intolerancia y animosidad. En otros, son ocurrencias o desafíos que ponen a circular internautas que se divierten con ello o que compiten entre sí para ganar clicks y notoriedad.

Las falsedades así diseminadas encuentran receptividad en usuarios que las creen, o que consideran que alguien más puede creer en ellas y entonces las reenvían. La posverdad, como se le ha llamado a la abundancia de versiones falsas que alcanzan verosimilitud para muchos, no existiría sin esas legiones de usuarios de las redes digitales que sólo miran las versiones que les gusta creer, que prefieren la comodidad del “like” o del reenvío antes que tomarse el esfuerzo de cotejar informaciones y que desconfían de los medios convencionales que les parecen demasiado complejos o aburridos.

El escenario es peor que nunca porque ahora las noticias falsas son promovidas no desde distintos gobiernos. A la sesgada propaganda de derecha que difunde la agencia rusa RT (cuyas páginas en Facebook tienen 4.2 millones de seguidores en inglés y 3.5 millones en español) se añaden las versiones falsas propagadas por el presidente de Estados Unidos. Donald Trump inició su gobierno propalando una mentira tras otra: dice sin pruebas que millones de ilegales votaron por Clinton en la elección de noviembre; asegura que a su toma de posesión fue más gente que al mitin de mujeres que se organizaron en su contra y que fue tres veces más grande.

Cuando el vocero de Trump repitió alguna de esas falsedades la nueva asesora en medios de la Casa Blanca, Kellyanne Conway, dijo que no eran mentiras sino “hechos alternativos”. Es poco lo que Facebook y otras redes digitales pueden hacer para aclarar mentiras cuando desde el gobierno son enmascaradas de esa manera.

Los medios de comunicación tendrían que ser espacios de cotejo, verificación y propagación de versiones ciertas y confiables. Para ello tienen que recuperar la confianza de la gente. De otra manera, en las redes y en el resto del ecosistema comunicacional por donde circula todo tipo de mensajes, versiones y creencias, tendremos más confusión. No es casual que en los días siguientes al inicio del gobierno de Trump el libro más comprado en línea, en Estados Unidos, haya sido 1984 de George Orwell. El newspeak en esa novela, en donde un “Gran Hermano” lo mira y controla todo, es el lenguaje allanado a las simplificadoras conveniencias del totalitarismo. En la medida en que mantengan y ejerzan la pluralidad y la deliberación en las redes sociodigitales, sus usuarios derrotarán las noticias falsas y al newspeak. Pero no será fácil, ni rápido.

Referencias

BuzzFeed, “Here Are 50 of The Biggest Fake News Hits on Facebook From 2016”. BuzzFeed.com, 30 de diciembre de 2016.

Facebook Newsroom, “News Feed FYI: Addressing Hoaxes and Fake News”. Disponible en: https://newsroom.fb.com/news/2016/12/news-feed-fyi-addressing-hoaxes-and-fake-news/, 15 de diciembre  de 2016

Hunt Allcott y Matthew Gentzkow, Social Media and Fake News in the 2016 Election, National Bureau of Economic Research. Disponible en http://www.nber.org/papers/w23089.

Zubiaga, et al., “Analysing How People Orient to and Spread Rumoursin Social Media by Looking at Conversational Threads”. Disponible en http://journals.plos.org/plosone/, 4 de marzo de 2016.

Modificado por última vez en Martes, 31 Enero 2017 10:59
Raúl Trejo Delarbre

Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM

Sitio Web: twitter.com/ciberfan
 
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