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Tarifas planas de datos: Yoigo abre la caja de Pandora

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Expansión – Ignacio del Castillo

El pasado 3 de abril, MásMóvil, el cuarto operador español de telecos abría la caja de Pandora: presentaba la primera tarifa plana de datos móviles en España. La nueva oferta, contratable inicialmente sólo hasta el 30 de junio (como medida de seguridad), incluye un acceso de fibra óptica de 50 megabits y llamadas y datos ilimitados en el móvil por 99 euros al mes. La oferta puede ser enriquecida con más velocidad en la fibra (300 megabits simétricos por 10 euros más al mes o 1 gigabit por 30 euros más al mes) y con hasta 3 más líneas móviles adicionales, cada una de ellas con voz y datos ilimitados por 9 euros al mes.

Un shock y una amenaza: El nuevo producto ha supuesto un shock para el conjunto del sector, que temía la llegada de este tipo de ofertas, aunque previsiblemente no esperaba que el primer cañonazo en esta guerra procediese de las baterías de MásMóvil. Sin embargo, las tarifas planas de datos se van generalizando en Europa y EEUU y Asia, así que, algo así era previsible tarde o temprano, a pesar de que todos son conscientes de que las consecuencias de estas iniciativas para las cuentas de resultados de los operadores pueden acabar siendo muy peligrosas.

La amenaza para la cuenta de resultados de las telecos de la “planificación” (de tarifa plana) de los datos viene por dos flancos: el primero es una posible saturación de la capacidad de las redes. Si eso ocurriese, los operadores se verían obligados a invertir más, aunque, de rebote,  podrían anticipar la llegada del 5G a España, procurando instalar lo antes posibles los desarrollos y aprovechas las nuevas y abundantes frecuencias que se van a licitar en las bandas de 3,6 a 3,8 GHz. El 5G, como es sabido, es decenas de veces más capaz de transportar datos que las redes 4G. Pero eso también implicaría nuevos esfuerzos inversores.

La dificultad de diferenciarse. Sin embargo, el problema principal es de otra índole. Si la tarifa de MásMóvil tiene mucho éxito, el resto de los operadores tendrá que responder de una forma u otra. Y aunque se resistan y adopten modelos de aproximación al concepto de tarifa plana que les permitan dar rodeos antes de caer de lleno en él -como ha ocurrido con el caso de Vodafone y sus tarifas Pass, que es un intento inteligente y polémico de ponerse la venda antes que la herida, con aproximaciones parciales y por categorías de servicios al concepto de tarifa plana- al final tendrán que acabar claudicando y sacando algo parecido a lo que ha lanzado MásMóvil. ¿Cuál es el peligro, se preguntarán, si partimos de una base de precio de 100 euros para una simple oferta convergente con una sola línea móvil y sin contenidos ni otros servicios auxiliares? Si a eso se le suman televisión y segundas líneas móviles ¿no es un precio de base estupendo para crecer a partir de ahí?, ¿no supondría, en realidad, una oportunidad para aumentar la facturación media mensual (average revenue per account o arpa).

Bueno, quizá ocurriese algo así inicialmente. Pero en realidad se habrían puesto las bases para un potencial desastre. Porque si Movistar, Orange, Vodafone y MásMóvil lanzan, cada uno de ellos, una tarifa plana ilimitada de todo (voz y datos), el verdadero problema va a residir en diferenciar una oferta de otra. Cuando ya no hay letra pequeña, ni ningún matiz, lo difícil para los operadores es buscar el elemento que haga diferente y más atractiva su oferta que la del rival.

Quizá alguno intentase diferenciarse por los contenidos, pero con el auge de las ofertas OTT de HBO, Netflix y compañía, que están disponibles para todos los clientes de todos los operadores, esa diferenciación por contenidos sería cada vez más difícil. El fútbol, a estos precios, podría ser una diferenciación, si alguno de los que están más convencidos de su inviabilidad, como es el caso de Vodafone, renunciasen. Pero sería poco probable ver a Telefónica disponer en exclusiva del fútbol teniendo que asumir el enorme coste global de los derechos españoles y europeos.

Otros, quizá, intentasen poner en valor sus mejores infraestructuras, pero sería un vano esfuerzo. La propia Telefónica, es la única que tiene una red verdaderamente diferencial, ya que su fibra llega a 20 millones de hogares por los 12 millones que tiene Orange. Y disfrutar de fibra frente al ADSL sí que es una diferencia por la que merece la pena cambiar de operador sin dudarlo. Pero su red tiene que alquilarse a los demás, por lo que esa ventaja diferencial se difumina.

Mirando al otro gran servicio, el móvil, ¿disponer de una red móvil más rápida o algo más tupida permitiría a algún operador lograr mantener o atraer a una parte significativa del mercado? No parece muy probable, a no ser que esa red fuera muy considerablemente mejor o más rápida o que las redes de los rivales tuvieran una calidad muy deficiente, algo que no ocurre.

Ni siquiera Vodafone, que durante bastante tiempo ha disfrutado de una red de 4G sustancialmente más potente que la de sus rivales en España, sobre todo en velocidad, gracias a las inversiones de su programa Sprint, ha logrado convertir esa superioridad de red en una gran diferencia a la hora de captar más clientes, porque esas ventajas son de muy difícil apreciación por parte de la inmensa mayoría de los usuarios.

Entonces, si se generalizasen las tarifas planas de voz y datos, las propuestas de los operadores serían idénticas y la competencia sólo tendría una forma de expresarse clara y perceptible por el cliente masivo: bajando precios. Y esa situación llevaría a la temida espiral de precios a la baja, que sabemos como empieza pero no como termina.

Pero no adelantemos acontecimientos, porque, hasta el momento, la contestación de los tres grandes operadores (Movistar, Orange y Vodafone) al anuncio del 3 de abril había sido el silencio.

La respuestita de Vodafone. Pero el pasado viernes 13 de abril, diez días exactos después del anuncio de MásMóvil, Vodafone movió ficha: lanzó Superpass, una agrupación de sus principales ofertas Vodafone Pass, que consisten en dar una tarifa plana de datos sólo para un tipo de tráfico concreto (puede ser video, música, mapas, redes sociales y mensajería). Este Superpass agrupa en un sólo paquete que cuesta 14 euros al mes, los que ya existían para video (con un precio de 8 euros), música (3 euros) y mapas (3 euros). Es decir, el agrupamiento no supone ninguna ventaja de precio, sino más bien de facilidad de contratación. Pero como en buena parte de las tarifas medias y altas de Vodafone ya incluyen, adicionalmente, tarifas planas de redes sociales (Social Pass) y de mensajería (Chat Pass), la realidad es que con la contratación de SuperPass se cubre la mayor parte de los consumos de datos de un usuario, por lo que, en la práctica, casi equivale a una tarifa plana.

Así, y escogiendo un ejemplo de comparación facilitado por la propia operadora, si se opta por una tarifa Vodafone One (de fijo y móvil) con fibra de 50 megabits y un móvil con llamadas ilimitadas y 20 gigas de datos, que ya incluye los Pass  para mensajería y redes sociales (que cuesta 81 euros) y se le suman los 14 euros de Superpass, el cliente tiene algo muy parecido a una tarifa plana de datos por 95 euros al mes -cuatro euros menos que la de MásMóvil– y, además, incluye también televisión.

Igualmente, si se opta por una solución sólo móvil, se puede lograr algo muy parecido a una tarifa plana de datos con un servicio sólo móvil -algo que en MásMóvil no está disponible, ya que sólo se puede contratar junto con la fibra- por 53 euros al mes.

Clima competitivo. Pero quizá lo más importante de la respuesta de Vodafone a MásMóvil no es la oferta concreta -muy limitada en su alcance-, sino al clima competitivo que se ha trasladado oficiosamente al comunicarla y que podría verbalizarse como algo equivalente a un “hasta aquí hemos llegado”. La filial del grupo británico ha querido dejar clara su determinación de mantener siempre sus tarifas competitivas respecto a las de cualquiera. Y eso se puede interpretar como que, si hace falta lanzar una oferta ilimitada de datos, se hará. O sea que esto de las tarifas planas, está empezando a calentarse.

Del wait and see de Movistar… En cuanto a los otros rivales, en el caso de Telefónica se ha optado prudentemente por un “esperar y ver” para comprobar el nivel de éxito comercial que logra la nueva tarifa de MásMóvil. Y es que en el líder del mercado creen que, a 99 euros al mes, si puede captar a algunos heavy users, pero no va a tener una acogida muy masiva.

De hecho, en la historia reciente de las telecos españolas han pasado cosas parecidas. Cuando en marzo de 2015, Yoigo lanzó la primera tarifa Sinfín, con 20 gigas de datos, sus rivales no contestaron inmediatamente y sólo fueron subiendo, muy paulatinamente los bonos de datos de sus ofertas de forma que han llegado a cantidades como 20 gigas bastantes años después.

…Al “me forro igual” de Orange. El caso de Orange es diferente al de Vodafone y al de Movistar, puesto que sus urgencias, incluso en caso de éxito de la tarifa de MásMóvil, serían menores. La razón es que Orange es el gran mayorista de red de MásMóvil tanto en red fija como en la móvil, por lo que una buena parte del éxito del cuarto operador revertiría directamente en el ebitda de Orange vía más ingresos mayoristas.

Los riesgos para MásMóvil. Lo que en cualquier caso parece claro es que MásMóvil ha tomado una decisión que supone un riesgo para ella por varias razones. La primera es ese coste mayorista que se puede disparar. La red de Yoigo llega al 85% de la población. O sea que hay un 15% de la población que cuando usa Yoigo no usa su red, sino la de Orange. Y el resto de los clientes cuando se desplazan a zonas donde no hay cobertura Yoigo. Pero, además, muchísimos clientes de Yoigo, cuando están en zonas de cobertura de Yoigo, están usando, sin saberlo, la red de Orange. La razón es por las frecuencias. Yoigo usa para el 4G sus frecuencias de 1.800 MHz, las más bajas que tiene. Pero Orange usa las de 1.800 MHz y además las de 800 MHz, que penetran mucho mejor en el interior de los edificios. Así, se produce el caso de que cuando se usa Yoigo dentro de casa en muchas ciudades, puede ocurrir que se esté usando, en realidad, la red de Orange. Y eso significa que una parte importante del tráfico de Yoigo -mucha más de la que le correspondería por su cobertura- corre por las redes de Orange. Hace unos años, ese porcentaje de tráfico que se cursaba fuera de la red era de casi el 50%. Ahora ha bajado, según dicen en MásMóvil, pero podría estar alrededor del 30%. Y eso significa mucho dinero en pagos mayoristas a Orange.

El peligro de los datos. Sobre todo, si el consumo de estos clientes de tarifa infinita se dispara. Las cuentas que se hacen en MásMóvil apuntan a que en los países avanzados donde hay tarifas ilimitadas, como EE.UU., el consumo medio no supera los 40 gigabytes al mes. Para España esperan algo menos, entre 20 y 30 gigabytes al mes, y eso, al parecer, está dentro de sus números. Siempre existirá el usuario enganchado a Netflix que les gaste 100 gigabytes al mes y con ese perderán bastante dinero, pero mientras no se generalice no hay problema. Además, por si las moscas se han dejado una válvula de seguridad: pueden matar la tarifa el 30 de junio.

Es verdad que siempre es difícil acabar con una tarifa tan icónica y mediática como ésta, que entre sus principales objetivos tiene dotar de notoriedad a la marca Yoigo. Pero si eso ocurriese, tendría una ventaja para los operadores: sería como una vacuna o un aviso a navegantes porque uno de los operadores ya lo habría probado y habría constatado que por el uso que se le da en nuestro país, no es posible aún una tarifa plana de datos.

El crecimiento ‘tutelado’ de MásMóvil. Pero el de disparar la factura que habría que pagar a Orange no es el único riesgo. Hay otro menos evidente: provocar la ira de sus rivales. Hay que tener en cuenta que, de una forma u otra, el crecimiento de MásMóvil es, en realidad un crecimiento tutelado. Es decir, crece mucho, pero todavía crece porque sus rivales, de cierta forma, le dejan. Si los tres grandes focalizasen mucho más sus recursos al mercado del bajo coste y lanzasen ofertas más baratas y ampliamente apoyadas por sus millonarios presupuestos de marketing, sin duda las cifras de crecimiento de MásMóvil sufrirían. Y si el crecimiento de clientes frenase, el idilio bursátil de MásMóvil (que hoy cotiza a 114 euros) podría desplomarse. Los casi 2.300 millones de capitalización suponen aproximadamente valorar en 10 veces el ebitda previsto para 2018, que es una valoración muy alta, pero compatible con una compañía que crece mucho, pero si el impulso comercial se para…

En cuanto a lo de provocar la ira, muchos creerán que las compañías tienden a comportarse racionalmente. Pero en realidad las compañías están dirigidas por personas y esas personas pueden llegar a tener reacciones del tipo “estos se van a enterar de lo que vale un peine”.

La destrucción mutua asegurada. La razón por la que en MásMóvil están más o menos tranquilos frente a la hipótesis de que sus rivales se enfaden en serio es que, siempre, siempre, en una hipótesis de guerra de precios declarada en España, Movistar, Orange y Vodafone destruirán mucho más valor y capitalización en sí mismos de la que le harán perder a MásMóvil. Aqui se aplica el concepto de “destrucción mutua asegurada” vigente ante el peligro de una guerra nuclear entre EEUU y la URSS durante la guerra fría. Porque, ¿cuánto podría costar en la capitalización de 42.000 millones de euros de Telefónica el que se declarase una guerra de precios en España, su principal mercado y su principal fuente de caja? Sólo con que cayera un 10%, supondría casi el doble de todo el valor bursátil de MásMóvil.

De hecho, esa es la razón por la cual ese “crecimiento tutelado” de MásMóvil continua y previsiblemente continuará de forma aterradoramente inexorable para los rivales del challenger. Porque para hacer verdadero daño al cuarto operador, los tres grandes se tendrían que pegar un tiro en el pie. Pero un tiro muy gordo.

Bandera blanca preventiva. Y de todas formas, MásMóvil se ha tomado la molestia de mandar claros mensajes a sus rivales de que, aunque se haya pintado la cara con pinturas de guerra, el show es más para las cámaras que otra cosa y no ha empezado a blandir el tomahawk. El día 2 de abril, que muy significativamente era la víspera de anunciar la tarifa plana, MásMóvil subía sus tarifas, aunque sin mucho ruido.

En realidad, las suben a su estilo, es decir, ofreciendo nuevas tarifas, con más datos, pero más caras, a los nuevos clientes. A diferencia de sus rivales, no obligan a los clientes a asumir las subidas de precios, y éstos pueden mantenerse en los precios antiguos, pero siguen siendo su versión de “más por más”. Así, en sólo móvil pasaron de llamadas ilimitadas y 2 Gb de datos por 16,90 a 3Gb por 19,90, o sea 3 euros más. Y de 4 Gb por 19,90 a 5 Gb por 21,90, 2 euros más. Lo mismo pasó en las ofertas convergentes: en vez de una fibra de 50 megabits y 4 Gb de datos en el móvil por 39,89 euros, se pasaba a 3 Gb en el móvil por el mismo precio; y para llegar a 5 Gb en el móvil ahora hay que subir hasta 41,89 euros, dos euros más.

En resumen, Yoigo ha abierto la caja de Pandora, de las tarifas planas de datos pero con cuidadín, a 99 euros y sólo con convergencia. Nada de ofertas muy agresivas de sólo móvil. No quiere una guerra abierta y lo demuestra subiendo sus tarifas en MásMóvil. Pero el que no quiera una guerra no significa que no la pueda acabar desencadenando, porque a veces, las cosas simplemente ocurren aunque nadie las quiera. Ahora bien, si eso pasa, es lógico pensar que quienes van a destruir más valor son aquellos que más valen, o sea, los tres grandes. Entonces, a lo mejor, con la leche ya derramada, algunos se arrepienten de haber ayudado al challenger a crecer a cambio de muy jugosos crecimientos de ingresos mayoristas.

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Nuevas expectativas

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en

La Razón – Eduardo Ruíz Vega

Muy lejos parecen haber quedado los juicios iniciales de los medios tradicionales, tanto de señal abierta como de paga, respecto a la capacidad competitiva de los servicios de distribución de contenidos en línea, conocidos como OTT (over the top).

El gigante indiscutible de los OTT, Netflix, sigue dando evidencias de su capacidad disruptiva en el mercado de los contenidos audiovisuales.  De acuerdo con especialistas, esta empresa, que nació como un servicio de renta de DVDs a domicilio, se ha transformado en la plataforma favorita en línea en el consumo de películas, series y documentales, en buena parte del mundo.

Netflix ha demostrado una innegable capacidad para adaptarse a los retos que el mercado le va planteando. Desde hace tiempo, sus ejecutivos entendieron que para seguir creciendo, la empresa debía ingresar al complejo mundo de la producción de contenidos (o bien, de adquisición de contenidos en forma exclusiva, que se comercializan bajo su marca). Durante 2018, de acuerdo con proyecciones divulgadas por la revista británica The Economist, Netflix planea invertir entre 12 y 13 mil millones de dólares en contenidos “propios”.

El presupuesto para producción y adquisición de contenidos de Netflix es gigantesco: supera la cifra de inversión proyectada de cualquier estudio cinematográfico, o bien, de cualquier compañía de televisión para contenidos diferentes a los eventos deportivos.  Con esta inversión, Netflix planea poner a disposición de sus suscriptores más de 80 películas, mientras que el estudio más significativo de Hollywood, Warner Brothers, estrenará en las salas cinematográficas poco más de 20 largometrajes.  Adicionalmente, el gigante tecnológico buscará incluir en su repositorio digital alrededor de 700 programas televisivos, de diversos géneros, como dramas, comedias, documentales y contenidos para la niñez.

Uno de los aspectos que se atribuyen al éxito y crecimiento sostenido de Netflix, además del éxito inusitado alcanzado por alguna de sus producciones, como la serie House of Cards, radica en la comodidad que el servicio bajo demanda representa en la experiencia del usuario o suscriptor.  A través de esta modalidad de servicio, el suscriptor no está sujeto a horarios específicos para consumir los contenidos que le interesan.  También, respecto a la mayor parte de títulos que se ofrecen, no es necesario esperar semana a semana para continuar con la historia que siguen los ávidos televidentes.

La influencia en el mercado de este gigante, y en menor medida de servicios similares, como Amazon Prime Video, está cambiando las reglas de estos negocios.  A partir de esta nueva realidad, muchos explican operaciones como la adquisición de Time Warner por parte de AT&T; la nueva estrategia de Rupert Murdoch para deshacerse de buena parte del negocio de la Twenty Century Fox y los planes de Disney para entrar de lleno a las plataformas OTT.

Existen, no obstante, factores de riesgo presentes en este nuevo paradigma. El precio de la acción de Netflix, por ejemplo, ha probado ser extremadamente sensible al cumplimiento de sus proyecciones en el crecimiento de su base de suscriptores. Al revelarse que la empresa no logró sumar 6.2 millones de nuevos clientes durante el segundo trimestre de este año (alcanzó 5.2 millones), el precio de su acción se desplomó en alrededor de 14%.

Un crecimiento sostenido y agresivo de los suscriptores de OTT no depende exclusivamente de su oferta de contenidos.  La ausencia de cargas regulatorias y la disponibilidad de banda ancha para acceder a sus plataformas, ambos factores que no dependen de estas empresas, juegan un rol importante.  Por ello, si bien es cierto que las OTT encabezadas por Netflix han superado cualquier expectativa, también lo es que a medida que avance el tiempo, se observarán ajustes importantes en la conformación de este mercado.

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La relación Ejecutivo y regulador

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Milenio – Javier Orozo

Desde la creación del Instituto Federal de Telecomunicaciones (Ifetel) como órgano constitucional autónomo se sentó una relación institucional de respeto y apoyo a éste por parte del Ejecutivo y el Poder Legislativo.

En ese contexto, el Congreso aseguró un presupuesto público acorde con los retos que se le impusieron y dio seguimiento a través de comparecencias y revisión de informes, y el Ejecutivo se centró en la conectividad, el desarrollo de proyectos de banda ancha, como red compartida, red troncal y materia satelital.

Ante una nueva administración pública federal es conveniente analizar cómo será la relación entre el Ejecutivo y el Instituto Federal Electoral.

Por el momento, en razón de los anuncios del próximo equipo presidencial, hay expectación ante la posibilidad de que el órgano regulador sufra una reducción presupuestal en el anteproyecto de Presupuesto de Egresos 2019, lo que puede afectar proyectos.

Si bien los temas presupuestales y de remuneración de servidores públicos no constituyen el fondo de los temas de telecomunicaciones y radiodifusión, sin duda que estos tópicos administrativos pueden
impactar en la operación y funcionamiento del órgano regulador, por lo que aún menos contribuye que “expertos” especulen en el sentido de aumentarle atribuciones al Instituto Federal Electoral en fomento de política social o mayores controles sobre medios de comunicación.

Aunado a lo anterior, no hay que perder de vista que al próximo Ejecutivo le corresponderá enviar al Senado (donde tiene mayoría simple) la propuesta de cuatro nuevos comisionados, de un pleno de siete.

Interferencias

Ya nadie recuerda —ni lo desea— los 58 millones de spots que pasaron durante el proceso comicial, pero cabe traer a colación que en días pasados el Tribunal Electoral resolvió multar al Partido Acción Nacional (PAN) por el mal uso de la pauta (tiempos gratuitos) al incluir
en un spot una parte de una pieza informativa de Foro Tv (Televisa).

Lo anterior lo razonó la instancia judicial como “una afectación en su libertad e independencia como medio periodístico, al no referir en el spot el contexto original, y produce confusión al electorado al exponer propaganda electoral con un soporte noticioso, sin hacer un uso adecuado del logo de Foro Tv”.

Es un gran precedente para los medios de comunicación, ya que en ocasiones los partidos o los propios políticos descontextualizan su información, al utilizar aquellas partes que les favorezcan o en su caso, lleguen a afectar a sus adversarios, cuando la información del medio no va en ese sentido. Sin duda un buen freno y respeto a la libertad de expresión.

 

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COLUMNISTAS

Roku inhabilita canales pirata

Mediatelecom

Publicado

en

Milenio – J. Jesús Rangel

La gente ama a Roku porque puede ver el contenido que quiere en su televisión. Su crecimiento anual al primer trimestre es de 47 por ciento y su software ya está integrado en una de cada cuatro pantallas de smart tv en Estados Unidos, incluso en las modernas 4K”.

Matthew Anderson, chief marketing officer de Roku, afirmó también que tienen confianza de que en breve un juez le dará la razón a la empresa de que su plataforma de streaming no favorece la piratería, como acusó Cablevisión, para que las tiendas departamentales puedan vender otra vez el pequeño aparato como lo hacían hasta junio de 2017.

Por cierto, en el informe financiero del segundo trimestre de este año, presentado el 10 de julio, Cablevisión reportó una utilidad neta de 152 millones de pesos, una baja de 44.3 por ciento respecto al mismo trimestre de 2017, y señaló como factor de riesgo a la piratería de los servicios en tv restringida que afectan “de forma adversa” las operaciones.

En ese periodo Roku dejó de venderse, pero quienes lo compraron con anterioridad a la orden judicial, recibieron los servicios normales. “Desde su origen, hemos combatido la piratería en nuestra plataforma.

“En el último año fortalecimos estrategias y recursos tecnológicos para detectar, detener y eliminar canales de streaming que violan políticas antipiratería, así como canales pirata que se hacen pasar como legítimos”.

En México, de acuerdo con Anderson, 92 por ciento de las horas de transmisión en la plataforma de Roku, con datos a junio pasado, provino de canales streaming que no exhiben vínculos potenciales con entidades pirata; en Estados Unidos es 99.5 por ciento.

“Para evitar contenidos ilegales, usamos innovaciones como la ‘ciencia de datos y el machine learning’, que incluso descubren entidades pirata que tratan de disfrazarse como organizaciones legítimas y cancelan cuentas del desarrollador que incumple los términos de servicio”.

También inhabilitó sitios web y perfiles de redes sociales que se apropiaron ilegalmente de la marca para engañar a los consumidores.

En Estados Unidos el canal Univision Now, de Grupo Televisa, está dentro de la plataforma Roku, al igual que Telemundo. En México están Blim, Cinépolis, Claro Video, Netflix y otros porque “confían en Roku a sabiendas de que tiene contenidos a elegir para pagar o gratis.

“En México queremos terreno parejo para que el consumidor decida la mejor opción. La decisión la tiene un juez federal y no uno local”.

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