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Miércoles, 26 Julio 2017 07:35

Discrimina y neutraliza

Netflix genera alrededor de un tercio del tráfico de internet, con sus más de 31.7 millones de suscriptores en EU y 9.72 millones a nivel mundial. Comcast es la mayor empresa de televisión e internet por cable en EU, que hace tres años hizo una oferta para comprar la segunda mayor empresa de este ramo, Time Warner Cable. La fusión, finalmente no aprobada por las autoridades regulatorias de EU, hubiese creado un Goliat de 33 millones de suscriptores.

Al igual que en México, el mercado de televisión restringida en Estados Unidos está altamente concentrado en pocas empresas, lo que genera distorsiones para los consumidores y otras compañías. Entre ellos, la discriminación y bloqueo de contenidos de terceros como Netflix. Ahí la clave de la llamada neutralidad de redes: una medida regulatoria para evitar que los dueños de las redes bloqueen contenidos de terceros en aras de dar prioridad a sus propios contenidos o descongestionar sus propias redes.

 

Esto es importante por la enorme cantidad de datos que se consumen por servicios como Netflix, YouTube y otros. Por ello, las compañías de telecomunicaciones de Estados Unidos están ahora empujando, ante sus autoridades regulatorias, la creación de tarifas diferenciadas para los proveedores de estos servicios e incluso para los consumidores finales. Las compañías de televisión restringida y de telecomunicaciones estarían, así, en posibilidad de cobrar una cuota adicional a sus usuarios para bajar contenidos, ver videos o escuchar audios de servicios populares como Pandora o, traducido a México, servicios de streaming como Netflix; Claro, de Telmex, o Blim, de Televisa. A su vez, estas compañías tendrían que pagar a los operadores de servicios de telecomunicaciones y dueños de la infraestructura por donde pasan esos datos.

 

Por ello, en quizá lo que es el primer paso de la deconstrucción del precepto de la neutralidad de redes —al menos en Estados Unidos—, Netflix anunció un acuerdo de interconexión con Comcast para garantizar la calidad y velocidad de los contenidos que la primera transmite por la red de Comcast a sus suscriptores. El acuerdo, denominado peering, garantiza que los contenidos de Netflix no sean discriminados y se les dé prioridad para llegar a sus suscriptores a una buena velocidad.

 

Con esto, quizás el sueño de los generadores de contenidos, plataformas y diseñadores de aplicaciones de mucho ancho de banda en internet se verán afectados. Entre más pequeños los proveedores, menos posibilidad de sobrevivir dadas estas nuevas tarifas. Netflix justamente nació y creció por este concepto de neutralidad de red.

 

La realidad en esta industria cambia sus paradigmas día a día, como lo demuestran el acuerdo de Comcast y Netflix. Esto es un riesgo en México por la alta concentración del mercado y las peleas de los gigantes. Por ello, podríamos incluso llegar al absurdo de que Telmex no permitiera a Televisa transmitir sus contenidos de streaming por su red y Cablevisión bloqueara para sus usuarios de internet la señal de Claro, de Telmex. Sin un marco regulatorio fuerte y determinaciones contundentes del regulador para evitar estas distorsiones, esto puede ser realidad en el futuro cercano.

 

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Martes, 25 Julio 2017 08:53

Espantar gorgojos de la Red Troncal

Un aspecto crucial de los criterios generales para el concurso de la Asociación Público Privado para desarrollar la Red Troncal de 23 mil kilómetros de un par de hilos de fibra óptica es que cualquier consorcio participante deberá contar con un socio operador—nacional o extranjero— de probada experiencia, lo cual constituye el primer filtro que Telecomm de México, a cargo de Jorge Jauridini, y que en principio evitaría el oso que sucedió en la licitación de radio FM efectuada por el Ifetel.

 

El prefiltro sin lugar a dudas fue el proceso de consulta en el que participaron 24 empresas y de las cuales sólo dos (que se presentaron a destiempo) tienen nombres que pintan “raritos” pero que son compañías reales, como es Multimedia de Tulum, de José Gutiérrez Lavín, y la duranguense TV Cable del Guadiana. Los demás son nombres conocidos de fabricantes de equipo, como Cisco, Fujitsu o Mexican Tower, Nokia y la china ZTE, así como operadores de la talla de Total Play, que dirige Eduardo Kuri, Axtel, que lleva Rolando Zubirán, AT&T, dirigida por Kelly King y Megacable (ya participante en la Red Compartida con 5% del capital), de Enrique Yamuni.

 

Concluida la etapa de opiniones en torno a los criterios generales, el equipo de Telecomm y de la subsecretaría del ramo, a cargo de Edgar Olvera, iniciará la formulación de las prebases y luego de las bases de una licitación que estaría lista para finales de este año con definición de los criterios para comprobar la experiencia técnica de los tiradores y el origen lícito de los recursos para operar la APP con una inversión cercana a 2 mil millones de dólares por un periodo de 30 años… y así conjurar que a la licitación que se efectuará en 2018 lleguen consorcios cargados de “frijol con gorgojo”.

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Si usted pensaba que después de dispositivos como Roku o de los sistemas de distribución de contenidos en línea como Netflix, Clarovideo y Blim todo se iba a estabilizar en cuanto al consumo de televisión, no, señor. No, señora. Esto apenas comienza. Hay una guerra muy violenta entre más y mejores compañías por la atención de los televidentes mexicanos.

¿Por qué? Porque contrariamente a ese discurso que durante años nos manejaron muchos de nuestros peores productores de que somos un país de gente pobre, ignorante y adicta a la basura, México es potencia mundial en el consumo de televisión.

Somos uno de los cinco países que más ven contenidos en todos lados: televisión abierta, de paga, pública, privada, en sistemas de distribución de contenidos en línea, en apps, en discos, a través de la redes sociales.

¡Y esto sin considerar la indiscutible fuerza de nuestros piratas!

¿Por qué cree usted que marcas como BBC, Warner y Sony gozan trayéndonos a sus actores y productores para efectos de promoción?

¿Por qué cree usted que empresas como HBO, Netflix y Fox producen en México, con casas productoras mexicanas y talentos mexicanos?

Bueno, ya, el colmo. ¿Por qué cree usted que países como Japón, Corea y Turquía nos tienen la mira para que nos aficionemos cada vez más a sus contenidos?

No es porque les salga más barato. Tampoco porque les quedemos muy cerca geográficamente. ¡Mucho menos por una suerte de compatibilidad cultural!

Es porque nos encanta la televisión, porque nuestra economía es una mina de oro para cualquier televisora, porque somos tierra fértil para el intercambio cultural con cualquier otra nación.

Si a esto le agregamos el poco entusiasmo que muchas de nuestras más poderosas televisoras le están imprimiendo a sus telenovelas, series y programas de entretenimiento, créame, no es que aquí vaya a pasar algo, es que ya está pasando y a las pruebas me remito: Amazon Prime y Crackle.

¿Usted las conoce? ¿No le encantan? Amazon Prime ya está en México, opera de maravilla, su costo es muy accesible y suscribirse es la cosa más sencilla del mundo.

Se hace a través de Amazon, ese popular portal de compras. Usted descarga la app, pone sus datos y listo. A gozar con su menú.

¿Qué tiene? De todo: series, películas, animación japonesa.

Estamos hablando de títulos fundamentales como Mr. Robot, Fear The Walking Dead, The Night Manager, Community, Into The Badlands, Seinfield, Damages, Popeye y Justified.

Pero la nota no es ésa. La nota son sus producciones propias como Transparent, Goliath, Patriot, The Man in The High Castle, American Gods y lo más reciente de los conductores originales de Top Gear: The Grand Tour.

No sabe usted qué nivel tan más alto de proyectos de televisión, de producciones, de contenidos, de repartos.

Y usted los puede ver en su idioma original, con subtítulos, doblados, los puede descargar para verlos cuando no tenga acceso a internet y el servicio cuenta con algo que me encanta:

Si usted es un freak de la tele, como yo, mientras está viendo su programa favorito se mete a la opción X-Ray y se puede enterar del nombre y currículo de quien está saliendo a cuadro o de cómo se llama la canción que está escuchando.

Me queda claro que el volumen de contenidos de Amazon Prime todavía no es tan grande ni incluye producciones originales mexicanas como en el caso de Netflix.

Pero así como está sí le puede meter varios sustos a Clarovideo y Blim.

Crackle, por su parte, no canta mal las rancheras.

Por lo que entiendo, como cliente, es un sistema de distribución de contenidos en línea de Sony.

¿Cómo le hace uno para suscribirse? A través de plataformas como los cables y las antenas directas al hogar.

En mi caso muy concreto, yo adquirí el servicio a través de Dish. ¿Qué fue lo que hice? Les llamé al número que aparece en su página de internet.

Un operador muy amable me explicó todo, me ayudó a descargar la app y a darme de alta.

Hay que pagar una pequeña cuota extra al mes por Crackle, pero vale la pena.

¿Qué ofrece? Lo mismo que ofrecen todos: cine, series y caricaturas.

Desde El hombre araña, The Avengers y Los piratas del Caribe hasta NCIS, Hannibal y Criminal Minds pasando por Buscando a Nemo, Hotel Transylvania y Ratatouille.

La nota, una vez más, son las producciones originales como StartUp, Snatch, 100 Code, Outsiders, Preacher y Wicked City. ¡Son extraordinarias!

E igual, usted las puede ver en inglés, dobladas o con subtítulos y hasta descargar la app en AppleTv.

¡Qué miedo por HBO Go o por la app de Fox! El día que esto se popularice, ellos van a ser los principales afectados.

Si usted pensaba que después de dispositivos como Roku o de los sistemas como Netflix todo se iba a estabilizar.

No, señor. No, señora. Esto apenas comienza. ¿O usted qué opina? 


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Martes, 25 Julio 2017 08:01

Internet sin fronteras (pero con leyes)

No era añosa ni ignorante ni lo que hemos dado en llamar una analfabeta cibernética. Usaba un procesador de palabras, hacía cuentas en una hoja de cálculo, navegaba con un buscador, se comunicaba por correo electrónico, tenía —como buena señora mayor— Facebook aunque no Twitter. Aun así, poco antes de morir, formuló a su hija una pregunta a la que ésta —no tuvo manera de dar respuesta satisfactoria: ¿dónde está internet? Es decir que la señora comprendía que la herramienta le servía para tener comunicación instantánea y simultánea con personas y empresas e instituciones enclavadas en todas partes del mundo pero imaginaba una suerte de gran oficina central de Internet Inc. —o acaso muchas instalaciones dispersas en las principales ciudades del mundo, a la manera de las compañías telefónicas o de los servicios postales— abocada a la gestión administrativa y técnica de las comunicaciones digitales. Mi amiga le explicó que internet no estaba en un lugar específico o siquiera en muchos sino en todas partes y en ninguna. “Pobre mi mamá”, sentenció ante mí, entre reportes de la evolución de la enfermedad que habría de acabar con la vida de su progenitora. “Se va a morir pensando que internet es Dios”. Omnipresente, a saber si omnisciente y sin duda incorpóreo, lo es. También puede ser —¡ay!— el diablo.

Lo que me hizo recordar la anécdota fue una nota del periódico Le Monde —ése que antes encontraba yo sólo de vez en cuando y a precio de oro en La Casa de la Prensa, o que me procuraba casi como fetiche no bien pisaba suelo francés, y con cuyos titulares desplegados en la pantalla de mi teléfono amanezco ahora todos los días— sobre las actuales manifestaciones públicas en Rusia a propósito del endurecimiento de la legislación sobre internet en aquel país. De acuerdo a la información, el Parlamento ruso aprobó el viernes pasado una ley que proscribe la utilización de los llamados anonymizers, servicios que permiten acceder en forma anónima a sitios bloqueados en territorio ruso, así como otra que obliga a los usuarios de mensajería virtual a identificarse con un número telefónico para su uso. Esto se suma a una legislación aprobada el pasado 1º de enero que obliga a toda empresa web ya rusa, ya extranjera a mantener una base de datos de sus usuarios en Rusia y a comunicarlos a las autoridades en caso de serles requeridos.

Resulta comprensible la ira del millar de rusos congregados frente al Kremlin, y de muchos más que no han tomado las calles pero se oponen igualmente a las medidas. Me atrevo a afirmar, sin embargo, que su materia se encuentra desencaminada: en una sociedad genuinamente democrática, en que los derechos humanos —y señaladamente la libertad de expresión y la de asociación— fueran objeto de garantías sólidas, no debería llamar a alarma (sino todo lo contrario) la posibilidad de rastrear la identidad de los usuarios de internet en caso de conductas delictivas o lesivas, trátese de terrorismo, incitación a la violencia, actos criminales o incluso calumnia o difamación. El problema, entonces, no deriva de un endurecimiento de la legislación de internet sino de cómo puede capitalizar esto un gobierno antidemocrático que practica la vigilancia de sus ciudadanos y limita sus libertades.

Sirve la coyuntura para recordar algo que ya he dicho antes aquí, que se erige en tema recurrente en la agenda —lo fue por última vez en ocasión de los más recientes atentados en Londres— y que se antoja uno de los grandes pendientes jurídicos de nuestro tiempo: es necesaria una legislación que regule la operación de las empresas de tecnologías de la información —redes sociales, servicios de mensajería, buscadores— y esa legislación debe ser internacional, y acaso ésta debe obligarlos a rendir cuentas no a las instituciones de impartición de justicia nacionales sino a Interpol o a una instancia supranacional dedicada de características similares.

En efecto, vivimos una revolución —la digital— cuyo efecto ha sido la difuminación de las fronteras. Esto permite no sólo que personas enclavadas en distintos puntos del orbe intercambien documentos con inmediatez o tengan una conversación cara a cara en tiempo real sino que también ha redundado en la irrelevancia de la geografía en los actos que se cometen en el entorno virtual. Si la información es hoy global y por tanto trasciende los espacios nacionales, es de esperarse que una muy necesaria legislación del espacio virtual se vea emancipada también de esas ataduras, nos haga todos iguales ante una ley que debería aplicar para todos, hayamos nacido donde hayamos nacido, vivamos donde vivamos, estemos donde estemos.

En suma, no es necesario legislar internet aquí (o allí). Pero es necesario hacerlo ahora.

Publicado en Banda ancha
Martes, 25 Julio 2017 07:38

Izzi: ¿televidentes aturdidos?

Nos cuentan que los clientes de Izzi, la empresa de televisión por cable de Emilio Azcárraga Jean, ya no pueden más con el nivel de audio tan alto en los segmentos publicitarios propios de la cablera, para dar a conocer sus servicios o promociones. Según nos reportan, mientras ven cualquier programa en las señales de televisión de paga de Izzi e inician los segmentos comerciales una opción es quitar el audio para evitar que cuando la publicidad de la empresa haga su aparición aturda a los televidentes. Incluso, en redes sociales los suscriptores de Izzi se han quejado sobre este punto, y la empresa respondió que analiza el caso para resolverlo. Sin embargo, por ahora se mantiene el audio a todo volumen. La importancia de que este asunto se corrija no es menor, pues no es conveniente que los clientes de la cablera bajen el volumen mientras aparecen las pautas comerciales, nos comentan.

Publicado en TV de paga
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