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(Des)conectarse a la cubana: retos de un nuevo usuario

Granma - Ania Terrero - 14.06.2017, 09:11
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De acuerdo con Social Media Growth Rankings, Cuba fue el país con mayor porcentaje de crecimiento de usuarios en las redes sociales durante el año 2016.

El fin de semana que Aníbal no pudo salir de la casa porque estaba castigado, su equipo de DOTA, videojuego de arenas de combate para varios jugadores, perdió una batalla decisiva en el torneo del barrio. Desde hacía varios meses se levantaba temprano cada sábado, limpiaba su cuarto para quedar bien con la madre, y salía con la laptop en la mochila rumbo a la casa sede de aquel certamen organizado por los muchachos de la zona. Después de aquel día fue necesario buscar una solución: no podían volver a perder una batalla así.

Ahora Aníbal tiene 15 años, una patineta y dice que un par de novias. Hace rato que no se preocupa por no poder salir de casa –al menos cuando se trata del torneo– pues sus amigos lo conectaron a SNET, la red de la calle, y desde su cuarto, con un par de equipos y cables más o menos escondidos, juega en red.

SOBRE CÓMO SE CONECTAN LOS CUBANOS

Hablar de conexiones y desconexiones en Cuba se ha puesto de moda. Aunque para nadie es un secreto que la penetración a Internet a nivel social todavía es baja, los cubanos han generado alternativas raras e increíbles que les permiten acceder a la información y conectarse entre ellos. Si en pleno boulevard de Sancti Spíritus una cafetería te ofrece Internet lento pero gratis; si Imías, un pueblo pequeñito de Guantánamo casi al final de Cuba, recibe puntualmente El Paquete Semanal, de dudosa leglidad y que de alguna manera marca sus ritmos de vida; si Aníbal, como tantos otros adolescentes cubanos, se conecta a una intranet alternativa que le permite jugar en red, chatear, participar en foros e informarse en general; si la cantidad de puntos wifi de Etecsa continúa creciendo hasta llegar a 369, evidentemente nuestros modos de conectarnos están cambiando.

Según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), en el 2015 Cuba tenía 3 912 600 usuarios de Internet declarados, aproximadamente el 34,8 % de la población del país.

Este dato incluyó tanto las conexiones a Internet como a los usuarios de correo electrónico y navegación nacional. Porque en Cuba, durante la década del 90, aparecieron un grupo de plataformas con servicios de intranet y correo nacional que conectaron a menor escala a especialistas de sectores priorizados para el desarrollo del país. Fueron los primeros años de Infomed para los médicos y Cubarte para los artistas, por ejemplo.

Más allá de las redes nacionales, es lógico suponer que con el incremento de los populares puntos wifi y otras formas de acceso a internet en los últimos años, estas cifras aumentaron. De hecho, en la actualidad, Etecsa habla de más de un millón de cuentas ­permanentes de Nauta, 410 000 conexiones diarias y alrededor de 250 000 usuarios diarios como promedio.

Y podemos suponer muchos más. Aunque Etecsa reporta la cifra antes declarada, camine por cualquier parque wifi del país y comprobará que muchas personas comparten conexión usando aplicaciones como Connectify, que permite a varios usuarios utilizar una misma cuenta. Con Connectify, además, son varios los que ganan dinero revendiendo ilegalmente Internet, lento pero barato.

Mientras tanto, Etecsa anuncia nuevas prestaciones y crecimientos: incrementar la cantidad de sitios públicos para la navegación wifi, unas 38 000 capacidades para el servicio Nauta Hogar y la conexión a internet a través de los móviles con despliegue de la 3G son algunas de sus metas este año.

En cualquier caso, con limitaciones y a su ritmo, el cubano empieza a poblar el Internet de verdad. Aun sin tener estadísticas precisas, pues Facebook no las ha hecho públicas, el impacto de esta red social en la Isla como red social más popular es evidente y poco a poco se modela un usuario estándar que se conecta en cualquier parque para usar IMO y hablar con su familia mientras revisan rápidamente sus perfiles en dos o tres redes.

No obstante, lo verdaderamente curioso de la historia de la (des)conexión en Cuba es la constante búsqueda de alternativas que, aunque no permiten conectarse a Internet, articulan otro tipo de redes y un consumo informal de información.

Así, una aplicación como Zapya que conecta celulares o cualquier otro dispositivo con wifi y les permite compartir archivos, se vuelve harto popular en un país que declara cuatro millones de líneas para celulares y un pronóstico de 500 000 más en el 2017. Una prueba de que en el país existen como mínimo esta cantidad de celulares, además de otros tantos equipos que no necesariamente tienen una línea pero sí posibilidades de enlazarse. A ella se suman una lista de alrededor de 60 aplicaciones creadas en Cuba, la mayoría por creadores independientes, según un estudio de la Unión de Informáticos de Cuba (UIC).

En paralelo, surgen por toda la nación redes informales sin leyes que las amparen, autogestionadas por jóvenes y con una lista inmensa de servicios que empezaron con el juego en red, pero que ya incluyen salas de chat, ftp (file transfer protocol) para compartir contenidos, canales de radio con disc-jockeys, música streaming en vivo, páginas de descarga de aplicaciones para sistemas operativos como Android o iOS, foros para desarrolladores e ingenieros que ayudan en la concepción de programas para la navegación, entre otros.

Mientras tanto, a través del ­consumo informal de audiovisuales por USB, los cubanos acceden a todo tipo de productos: grandes éxitos de la televisión nacional con películas y series foráneas, noticias, videos descargados de YouTube, juegos de distintas ligas, deportes y países y una larga lista de etcéteras. Y se han generado redes de distribución tan populares como el ya mencionado Paquete y La Mochila, esta última gestionada desde los Joven Club.

Sobre las formas de conexión en Cuba todavía queda mucho por explicar. No es difícil suponer que estas cambiarán, evolucionarán e, incluso, surgirán algunas nuevas. La alta preparación académica y cultural de los cubanos les permite innovar una y otra vez en busca de adaptaciones y alternativas, aunque estas no siempre son legales. Alternan, cada vez más, los espacios online y los offline generados por ellos mismos a partir de redes sociales informales, servicios y aplicaciones. Quizá esta sea la mejor prueba de que ante un contexto tecnológico en principio adverso, los cubanos se las agencian para entrar a una sociedad de la información que por años pareció exclusiva del mundo globalizado.

 

El fin colectivo parece ser: O nos conectamos… o nos conectamos.

 
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