Domingo, 24 de septiembre del 2017
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Espiritualizar la materia, materializar el espíritu

El País - Juan José Millas - 13.09.2017, 06:53
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El iPhone es una mística reciclada en producto de consumo. Quizá un producto de consumo reciclado en mística. El móvil, en general, y a imagen y semejanza de sus dueños, es un objeto dualista en el sentido platónico del término, pues está dotado de alma y cuerpo. El cuerpo es el hardware o parte dura, y, el alma, el software, o parte blanda. Cuando el cuerpo del móvil muere, el alma puede transmigrar a otros móviles, tal como intuyeron los antiguos griegos, presentimiento que Platón perfeccionaría con la Teoría de la Reminiscencia, según la cual conocer es recordar. Eso es en realidad lo que hace un programa informático cuando lo cambias de cuerpo: recordar quién era.

En los primeros móviles, el cuerpo y el alma estaban claramente separados. Uno de los elementos más evidentes y groseros del cuerpo era la batería. Todo, en aquellos aparatos, era batería, como todo, en los chimpancés de los que procedemos, es estómago. La batería no constituía la totalidad de cuerpo, pero era una parte esencial de él. Como el hígado, digamos. Cuando se agotaba, la tirábamos y colocábamos una nueva. Con el tiempo, la batería, que llegó a ocupar el 80% o el 90% del aparato, fue adelgazándose, pero sin perder del todo su carácter de intestino grueso. Una de las revoluciones del iPhone consistió precisamente en unir el alma y el cuerpo del tal modo que resultaron indistinguibles. Se fundieron, como el fondo y la forma, de manera que el viejo dualismo desapareció. Ya no estaba por un lado el soma y por otro la psique, sino que el soma adquirió características de la psique y viceversa. Esto es muy importante, porque hasta entonces las averías de los aparatos se localizaban bien en el alma (el programa), bien en el cuerpo (el soporte de ese programa). A partir del iPhone aparecieron las averías psicosomáticas, producto de la unión íntima entre el espíritu y la materia. Cuando el móvil no nos responde como debería y decimos que “está tonto”, aludimos sin querer a una de estas patologías que manifestándose en el programa provienen del soporte o al revés.

Cuando el móvil no nos responde como debería y decimos que “está tonto”, aludimos sin querer a una de estas patologías que manifestándose en el programa provienen del soporte o al revés

¿Acabó eso con el dualismo o con la teoría platónica de la reminiscencia? No del todo, pues sigue siendo cierto que cuando el móvil muere, su cuerpo mortal es arrojado a la chatarra, mientras que su alma vuela a esa especie de limbo, conocido como “la nube”, donde aguarda pacientemente el traslado a otro cuerpo. Cuando adquirimos un iPhone nuevo y le introducimos el alma vieja, nos maravillamos del modo en que se cumple la Teoría de la Reminiscencia. El alma, en efecto, empieza a recordar, a recordarnos, y al poco estamos ahí de nuevo, con todas nuestras canciones, nuestros contactos, nuestros correos electrónicos, nuestras notas, nuestras aplicaciones.

El iPhone, que ahora cumple 10 años, trajo muchas más novedades que no tenemos espacio para detallar. Pero quizá la principal fue la de espiritualizar el cuerpo y materializar el alma. Hay gente que quiere construir un aparato y le sale una filosofía. Steve Jobs quiso construir una filosofía y le salió un aparato.

 
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