Martes, 12 de diciembre del 2017
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Tras haber analizado como un marco general para las líneas de investigación del Centro de Estudios de Cultura Digital Mediatelecom la transmodernidad, la filosofía del transhumanismo y algunas consideraciones acerca de los alcances de la tecnología, en esta entrega comentaremos, como parte de la tercera línea de investigación dedicada a estudiar los efectos sociales de la conectividad y la digitalización, la infoxicación y la demencia digital.   

En el caso de la infoxicación, nos referimos a la sobreabundancia informativa que nos hace acumular cantidades pasmosas de información, documentos, fotografías, videos y aplicaciones para tratar de controlar la ansiedad que nos genera el no tenerlos. Y no es para menos, nos enfrenta a una multiplicación de información a nivel mundial, al grado de que diversos investigadores lo llaman explosión de la información en el contexto de las hipermediaciones de la comunicación digital interactiva, como lo señala el investigador argentino Carlos Scolari. 

A partir de las aportaciones de José Luis Orihuela, el autor replantea los paradigmas de la denominada eComunicación, ilustrando el tránsito que hemos experimentado como sociedad al pasar de audiencias a usuarios y del monomedia al multimedia. 

Quizá muchos de ustedes recuerden esa transición tecnológica, en un inicio divertida y entretenida, de la unidireccionalidad a la interactividad que comenzaba por elegir entre diferentes contenidos de la red, temas y asuntos de nuestro interés para después llegar a esa posibilidad de manipularlos, reproducirlos, retransmitirlos e incluso de regular el tiempo y la forma de analizarlos en nuestros ratos libres o de ocio. Hoy esto ya no es posible, primero porque hasta el tiempo depende de la tecnología, misma que nos hace llevar trabajo a casa y eliminar, no sólo nuestra privacidad, sino también nuestros momentos de convivencia con la familia y con nosotros mismos. En segundo lugar, porque vivimos infoxicados tanto por contenidos como por diversos formatos y lenguajes de textos escritos, audios, foros, fotos, redes sociales, además, en tiempo real y desde un mismo soporte, el digital.

Piensen por un momento si el vertiginoso traslado de los medios tradicionales, antes supeditados a ritmos temporales, hoy disponibles en tiempo real, les permite ver, escuchar o leer de la misma manera en que solían hacerlo antes de la explosión tecnológica.

Lo anterior ha modificado incluso nuestra forma de escribir y leer, debido a que la industria editorial en general ha implantado un sistema de soft writing al que nos hemos adaptado con el soft reading. Leemos a diario en los medios notas estructuradas bajo el modelo de softnews e infoteiment, donde las noticias y los sucesos importantes son mostrados como entretenimiento. 

Vemos, por el contrario, con mayor frecuencia el desarrollo de más y más recursos especiales encaminados a acelerar la búsqueda, localización y almacenamiento de información. Esta sobreabundancia de datos, recuerdos, documentos e información de interés, nos genera también elevados niveles de ansiedad, que sólo disminuyen cuando la almacenamos, aunque no la volvamos a miraren en la mayoría de los casos. Nos complace el sólo hecho de saber que la poseemos. Todo nos parece interesante y la tecnología nos permite tenerlo, es por ello que procedemos a acumular desde datos, documentos, fotografías, libros, recetas y música, pero paradójicamente, es la misma tecnología la que no nos permite disfrutar de lo acumulado y terminamos infoxicados. Dicho de otra manera, la velocidad ha incrementado exponencialmente la disposición de información, pero también ha hecho cada vez más difícil su manejo, resguardo y, sobre todo, su adecuada utilización. Lo más preocupante de esto, estimados lectores, es que por diversos especialistas sabemos que no existe una forma sencilla para controlar este padecimiento de sobreabundancia informativa, como no sea la voluntad y el autocontrol para identificar cuál información nos es relevante y cuál no, para así proceder a discriminarla. Perdiendo la capacidad para discriminar la información que no nos es útil, tratamos de absorber toda la información disponible, nos percibimos rebasados, abrumados e infoxicados con el consiguiente estrés.  Es muy difícil tener claridad para procesar información estando bajo los efectos de la infoxicación.

Demencia digital

El segundo padecimiento, la demencia digital, es aún más grave y está estrechamente ligado a la infoxicación, pues si ésta última genera ansiedad, estrés y dispersión, la demencia digital es una condición que genera una disminución de nuestra capacidad mental. En el hipocampo del cerebro (responsable de la grabación de nuevos hechos) nacen nuevas neuronas que sólo permanecen con vida si se las pone verdaderamente a prueba. Lo que siempre se ha dicho, que el cerebro es un músculo que si no se ejercita muere, pues el aprendizaje no sólo utiliza el hardware neuronal existente sino también las neuronas nuevas y las mantiene con vida. Estas son partes de las tesis del neurobiólogo y psiquiatra alemán Manfred Spitzer, en su obra Demencia digital, el peligro de las nuevas tecnologías. Parte de sus razonamientos iniciales nos lleva a reflexionar sobre aquellas cantidades de cosas y actividades que solíamos hacer por nosotros mismos y que hoy hemos delegamos a diversos dispositivos electrónicos. Considérese el GPS, las agendas telefónicas de los smartphones, los recordatorios a manera de alertas electrónicas, etcétera. Todo eso que va haciendo que ejercitemos cada vez menos nuestra capacidad de rendimiento mental. De tal manera que si bien es verdad que con el uso y aprovechamiento de la tecnología ganamos tiempo y aprendemos nuevas habilidades, también lo es que perdemos otras. En el mundo tecnológico de hoy, nada es posible obtener sin la pérdida de algo a cambio. Es aquí donde se centra parte del debate tecnológico relacionado con la demencia digital. Así que, si alguno de ustedes comienza a no recordar cómo llegar a un determinado lugar, los números telefónicos que antes dominaba y otras actividades cotidianas que ha delegado a algún dispositivo electrónico, puede estar desarrollando algunos síntomas de este padecimiento.

En su estudio el doctor Manfred Spitzer advierte sobre las patologías que pueden ocasionar los dispositivos electrónicos. En algunos países asiáticos la adicción a los juegos ha causado la muerte; en Corea del Sur los médicos han registrado un aumento de demencia digital entre los jóvenes, que se han vuelto tan dependientes de los aparatos electrónicos que ya no pueden recordar algunos detalles cotidianos como sus números de teléfono. Por estudiosos del tema como el estadounidense Douglas Rushkoff, sabemos que en dicho país los denominados por él screenagers, se caracterizan por eso, debido al uso cotidiano y progresivo de la segunda pantalla. Esto es, suelen complementar lo que ven en la televisión, en algún otro dispositivo, ya sea de teléfono, la computadora o una tablet, e interactuar así con programas y realizaciones televisivas. Uno de los datos que presenta el doctor Spitzer es la relación de horas que pasan jóvenes de secundaria de Estados Unidos y Alemania en el aula escolar, en relación a las que están navegando o en contacto con dispositivos electrónicos. Sorprende saber que en esta segunda actividad pasan más de siete horas, esto es, más de las horas aula. Por ello, es entendible que prefieran almacenar información en la nube hasta la infoxicación, antes que ejercitar su capacidad de rendimiento mental.

¿Cómo afectará lo digital a las próximas generaciones? 

El deterioro de las capacidades cognitivas resulta preocupante por tratarse de las nuevas generaciones, y más particularmente porque los efectos de la denominada demencia digital, neurológicamente hablando, son propios de personas que han sufrido alguna lesión cerebral o enfermedad psiquiátrica, como señala el doctor Spitzer, quien ha demostrado que la estimulación constante del cerebro llega incluso a modificarlo, dependiendo de la formación profesional a la que haya sido sometido, ya sea para el ejercicio de una determinada profesión o para un oficio. Caso contrario, si no se utiliza, se va desgastando el denominado hardware neuronal.

Otro problema es que el lado derecho del cerebro que está relacionado con la concentración, podría afectar la atención y el desarrollo de la memoria, peor aún, está demostrado que este déficit en el desarrollo del cerebro es irreversible. Esto debería generar la intervención del gobierno y asumir este tipo de padecimientos como un problema de salud pública. Pero en la realidad ocurre lo contrario, sucede, como señala el doctor Spitzer, que los políticos encargados de la educación suelen alabar todas las horas de la gran utilidad didáctica de los medios digitales. En diversos países como en México existen programas que promueven el uso de computadoras para los alumnos, aún y cuando está demostrado que estos dispositivos electrónicos, por sí mismos, no son determinantes para el aprendizaje ya que si no existe la infraestructura educativa adecuada –planes y programas de estudio pertinentes, capacitación y evaluación de los maestros, instalaciones adecuadas, participación social, en especial de los padres de familia–sólo se digitalizan las malas prácticas educativas. Así lo constata la evaluación de los datos del informe PISA sobre la influencia de la disponibilidad de ordenadores en las calificaciones y porqué un ordenador en casa conduce a peores rendimientos escolares debido a que, sin la supervisión adecuada, los niños dedican tiempo a los juegos de ordenador, apartándolos del proceso de enseñanza-aprendizaje y produciendo efectos negativos en el éxito escolar. Esto provoca estrés entre los padres de familia que ya bastante tienen con el déficit de atención, del que hablaremos en otra ocasión, por su relación con este tema.

Referir a lo ordinario

Para el Centro de Estudios de Cultura Digital Mediatelecom, los análisis que se realicen acerca de la infoxicación y la demencia digital como condiciones que se presentan cotidianamente en la sociedad como resultado de la conectividad y la digitalización son determinantes para evitar que el uso de las nuevas tecnologías de la información tenga impactos en la salud, la educación y la convivencia social. Preocupa porque hablamos de la perturbación en la relación con el otro y con el mundo, como señala Paul Virilio. En ese sentido, la propuesta de Spitzer es coherente: tratar de volver a lo ordinario. En efecto, el mejor entorno para los seres humanos no son las máquinas sino la convivencia con otros seres humanos. Sin olvidar que estamos en el mundo para humanizar la naturaleza, no para ser devorados como los animales que forman parte de ella. Ser conscientes de los efectos sociales generados por la tecnología es sólo el primer paso para hacer frente al desarrollo de posibles padecimientos. Actuar en consecuencia es todo menos algo sencillo, sobre todo cuando estamos inmersos en un mundo que impulsa y promueve de forma directa e indirecta la industrialización del olvido.

 

 

Publicado en Colaboraciones

Tras haber analizado como un marco general para las líneas de investigación del Centro de Estudios de Cultura Digital Mediatelecom la transmodernidad, la filosofía del transhumanismo y algunas consideraciones acerca de los alcances de la tecnología, en esta entrega comentaremos, como parte de la tercera línea de investigación dedicada a estudiar los efectos sociales de la conectividad y la digitalización, la infoxicación y la demencia digital.   

En el caso de la infoxicación, nos referimos a la sobreabundancia informativa que nos hace acumular cantidades pasmosas de información, documentos, fotografías, videos y aplicaciones para tratar de controlar la ansiedad que nos genera el no tenerlos. Y no es para menos, nos enfrenta a una multiplicación de información a nivel mundial, al grado de que diversos investigadores lo llaman explosión de la información en el contexto de las hipermediaciones de la comunicación digital interactiva, como lo señala el investigador argentino Carlos Scolari. 

A partir de las aportaciones de José Luis Orihuela, el autor replantea los paradigmas de la denominada eComunicación, ilustrando el tránsito que hemos experimentado como sociedad al pasar de audiencias a usuarios y del monomedia al multimedia. 

Quizá muchos de ustedes recuerden esa transición tecnológica, en un inicio divertida y entretenida, de la unidireccionalidad a la interactividad que comenzaba por elegir entre diferentes contenidos de la red, temas y asuntos de nuestro interés para después llegar a esa posibilidad de manipularlos, reproducirlos, retransmitirlos e incluso de regular el tiempo y la forma de analizarlos en nuestros ratos libres o de ocio. Hoy esto ya no es posible, primero porque hasta el tiempo depende de la tecnología, misma que nos hace llevar trabajo a casa y eliminar, no sólo nuestra privacidad, sino también nuestros momentos de convivencia con la familia y con nosotros mismos. En segundo lugar, porque vivimos infoxicados tanto por contenidos como por diversos formatos y lenguajes de textos escritos, audios, foros, fotos, redes sociales, además, en tiempo real y desde un mismo soporte, el digital.

Piensen por un momento si el vertiginoso traslado de los medios tradicionales, antes supeditados a ritmos temporales, hoy disponibles en tiempo real, les permite ver, escuchar o leer de la misma manera en que solían hacerlo antes de la explosión tecnológica.

Lo anterior ha modificado incluso nuestra forma de escribir y leer, debido a que la industria editorial en general ha implantado un sistema de soft writing al que nos hemos adaptado con el soft reading. Leemos a diario en los medios notas estructuradas bajo el modelo de softnews e infoteiment, donde las noticias y los sucesos importantes son mostrados como entretenimiento. 

Vemos, por el contrario, con mayor frecuencia el desarrollo de más y más recursos especiales encaminados a acelerar la búsqueda, localización y almacenamiento de información. Esta sobreabundancia de datos, recuerdos, documentos e información de interés, nos genera también elevados niveles de ansiedad, que sólo disminuyen cuando la almacenamos, aunque no la volvamos a miraren en la mayoría de los casos. Nos complace el sólo hecho de saber que la poseemos. Todo nos parece interesante y la tecnología nos permite tenerlo, es por ello que procedemos a acumular desde datos, documentos, fotografías, libros, recetas y música, pero paradójicamente, es la misma tecnología la que no nos permite disfrutar de lo acumulado y terminamos infoxicados. Dicho de otra manera, la velocidad ha incrementado exponencialmente la disposición de información, pero también ha hecho cada vez más difícil su manejo, resguardo y, sobre todo, su adecuada utilización. Lo más preocupante de esto, estimados lectores, es que por diversos especialistas sabemos que no existe una forma sencilla para controlar este padecimiento de sobreabundancia informativa, como no sea la voluntad y el autocontrol para identificar cuál información nos es relevante y cuál no, para así proceder a discriminarla. Perdiendo la capacidad para discriminar la información que no nos es útil, tratamos de absorber toda la información disponible, nos percibimos rebasados, abrumados e infoxicados con el consiguiente estrés.  Es muy difícil tener claridad para procesar información estando bajo los efectos de la infoxicación.

Demencia digital

El segundo padecimiento, la demencia digital, es aún más grave y está estrechamente ligado a la infoxicación, pues si ésta última genera ansiedad, estrés y dispersión, la demencia digital es una condición que genera una disminución de nuestra capacidad mental. En el hipocampo del cerebro (responsable de la grabación de nuevos hechos) nacen nuevas neuronas que sólo permanecen con vida si se las pone verdaderamente a prueba. Lo que siempre se ha dicho, que el cerebro es un músculo que si no se ejercita muere, pues el aprendizaje no sólo utiliza el hardware neuronal existente sino también las neuronas nuevas y las mantiene con vida. Estas son partes de las tesis del neurobiólogo y psiquiatra alemán Manfred Spitzer, en su obra Demencia digital, el peligro de las nuevas tecnologías. Parte de sus razonamientos iniciales nos lleva a reflexionar sobre aquellas cantidades de cosas y actividades que solíamos hacer por nosotros mismos y que hoy hemos delegamos a diversos dispositivos electrónicos. Considérese el GPS, las agendas telefónicas de los smartphones, los recordatorios a manera de alertas electrónicas, etcétera. Todo eso que va haciendo que ejercitemos cada vez menos nuestra capacidad de rendimiento mental. De tal manera que si bien es verdad que con el uso y aprovechamiento de la tecnología ganamos tiempo y aprendemos nuevas habilidades, también lo es que perdemos otras. En el mundo tecnológico de hoy, nada es posible obtener sin la pérdida de algo a cambio. Es aquí donde se centra parte del debate tecnológico relacionado con la demencia digital. Así que, si alguno de ustedes comienza a no recordar cómo llegar a un determinado lugar, los números telefónicos que antes dominaba y otras actividades cotidianas que ha delegado a algún dispositivo electrónico, puede estar desarrollando algunos síntomas de este padecimiento.

En su estudio el doctor Manfred Spitzer advierte sobre las patologías que pueden ocasionar los dispositivos electrónicos. En algunos países asiáticos la adicción a los juegos ha causado la muerte; en Corea del Sur los médicos han registrado un aumento de demencia digital entre los jóvenes, que se han vuelto tan dependientes de los aparatos electrónicos que ya no pueden recordar algunos detalles cotidianos como sus números de teléfono. Por estudiosos del tema como el estadounidense Douglas Rushkoff, sabemos que en dicho país los denominados por él screenagers, se caracterizan por eso, debido al uso cotidiano y progresivo de la segunda pantalla. Esto es, suelen complementar lo que ven en la televisión, en algún otro dispositivo, ya sea de teléfono, la computadora o una tablet, e interactuar así con programas y realizaciones televisivas. Uno de los datos que presenta el doctor Spitzer es la relación de horas que pasan jóvenes de secundaria de Estados Unidos y Alemania en el aula escolar, en relación a las que están navegando o en contacto con dispositivos electrónicos. Sorprende saber que en esta segunda actividad pasan más de siete horas, esto es, más de las horas aula. Por ello, es entendible que prefieran almacenar información en la nube hasta la infoxicación, antes que ejercitar su capacidad de rendimiento mental.

¿Cómo afectará lo digital a las próximas generaciones? 

El deterioro de las capacidades cognitivas resulta preocupante por tratarse de las nuevas generaciones, y más particularmente porque los efectos de la denominada demencia digital, neurológicamente hablando, son propios de personas que han sufrido alguna lesión cerebral o enfermedad psiquiátrica, como señala el doctor Spitzer, quien ha demostrado que la estimulación constante del cerebro llega incluso a modificarlo, dependiendo de la formación profesional a la que haya sido sometido, ya sea para el ejercicio de una determinada profesión o para un oficio. Caso contrario, si no se utiliza, se va desgastando el denominado hardware neuronal.

Otro problema es que el lado derecho del cerebro que está relacionado con la concentración, podría afectar la atención y el desarrollo de la memoria, peor aún, está demostrado que este déficit en el desarrollo del cerebro es irreversible. Esto debería generar la intervención del gobierno y asumir este tipo de padecimientos como un problema de salud pública. Pero en la realidad ocurre lo contrario, sucede, como señala el doctor Spitzer, que los políticos encargados de la educación suelen alabar todas las horas de la gran utilidad didáctica de los medios digitales. En diversos países como en México existen programas que promueven el uso de computadoras para los alumnos, aún y cuando está demostrado que estos dispositivos electrónicos, por sí mismos, no son determinantes para el aprendizaje ya que si no existe la infraestructura educativa adecuada –planes y programas de estudio pertinentes, capacitación y evaluación de los maestros, instalaciones adecuadas, participación social, en especial de los padres de familia–sólo se digitalizan las malas prácticas educativas. Así lo constata la evaluación de los datos del informe PISA sobre la influencia de la disponibilidad de ordenadores en las calificaciones y porqué un ordenador en casa conduce a peores rendimientos escolares debido a que, sin la supervisión adecuada, los niños dedican tiempo a los juegos de ordenador, apartándolos del proceso de enseñanza-aprendizaje y produciendo efectos negativos en el éxito escolar. Esto provoca estrés entre los padres de familia que ya bastante tienen con el déficit de atención, del que hablaremos en otra ocasión, por su relación con este tema.

Referir a lo ordinario

Para el Centro de Estudios de Cultura Digital Mediatelecom, los análisis que se realicen acerca de la infoxicación y la demencia digital como condiciones que se presentan cotidianamente en la sociedad como resultado de la conectividad y la digitalización son determinantes para evitar que el uso de las nuevas tecnologías de la información tenga impactos en la salud, la educación y la convivencia social. Preocupa porque hablamos de la perturbación en la relación con el otro y con el mundo, como señala Paul Virilio. En ese sentido, la propuesta de Spitzer es coherente: tratar de volver a lo ordinario. En efecto, el mejor entorno para los seres humanos no son las máquinas sino la convivencia con otros seres humanos. Sin olvidar que estamos en el mundo para humanizar la naturaleza, no para ser devorados como los animales que forman parte de ella. Ser conscientes de los efectos sociales generados por la tecnología es sólo el primer paso para hacer frente al desarrollo de posibles padecimientos. Actuar en consecuencia es todo menos algo sencillo, sobre todo cuando estamos inmersos en un mundo que impulsa y promueve de forma directa e indirecta la industrialización del olvido.

 

 

Publicado en Colaboradores

En la entrega anterior vimos cómo la condición tecnológica ha sido determinante en el desarrollo generacional de quienes nacieron y vivieron durante el siglo pasado y quienes lo hicieron con el nuevo milenio. Analizamos el tránsito de la modernidad a la modernidad líquida que sugiere Bauman y los efectos que trajo consigo este cambio de paradigma a través del desarrollo tecnológico.

Hoy nos instalaremos en la configuración teórica de la transmodernidad propuesta por la catedrática española Rosa María Rodríguez, para hablar del denominado “transhumanismo” y ver no sólo hasta dónde está llegando la tecnología, sino también la endocolonización tecnológica en los seres humanos que podrían estar perdiendo esta categoría dentro de unos años para adoptar la de seres vivos. El giro histórico que experimentamos como sociedad, al pasar del mundo de las certezas de la modernidad, donde el tiempo tenía historia gracias a su capacidad de contención, a un mundo en el cual el tiempo depende de la tecnología de los medios de transporte artificial, donde los límites heredados de la velocidad de movimiento pueden transgredirse, nos permitirá analizar las mutaciones de la cultura en la era de su distribución electrónica, de la que habla el investigador español José Luís Brea.[1]

La transmodernidad como experiencia de vida la percibimos como la reducción del espacio y la aceleración del tiempo. La vieja expresión de “matar el tiempo” es inusual, entre otras cosas, porque ya no es posible disponerse a matar el tiempo, es éste el que nos mata a nosotros. En el plano teórico, la transmodernidad ya no es sólo entendida a partir de la afirmación postmoderna de la imposibilidad de esos grandes relatos de los que hablaba Lyotard, sino un paradigma que presenta un modelo global de comprensión de nuestro presente.[2]

Para la especialista Rodríguez Magda sí existe un nuevo relato en la actualidad que puede ser objeto de estudio de la transmodernidad: el de la globalización; un nuevo gran relato que no obedece al esfuerzo teórico o socialmente emancipador de las metanarrativas modernas a las que estábamos acostumbrados, sino al efecto inesperado de las tecnologías de la comunicación, la nueva dimensión del mercado de la geopolítica y, agregaríamos, de la geocultura. Recuérdese todo lo analizado en la entrega anterior, particularmente los efectos de la convergencia tecnológica y la concentración empresarial de las industrias culturales que están determinando el  nuevo consumo cultural del mundo.

Es por ello que, a partir de los efectos generados por las tecnologías de la comunicación en la nueva dimensión de los mercados y su impacto en la sociedad, Rodríguez Magda propone observar la configuración del presente con sus modificaciones bajo el nuevo paradigma trans y no propiamente del post, ni del principio de licuefacción propuesto por Bauman, quien prefiere hablar de modernidad líquida, dado que el prefijo “trans” connota la forma actual de trascender los límites de la modernidad, basado no sólo en los fenómenos transnacionales, sino en la primacía de la transmisibilidad de la información en tiempo real, lo mismo que la transculturalidad, donde señala que la creación remite a una transtextualidad y la innovación artística es concebida como transvanguardia.[3]

En ese sentido, “la transmodernidad constituye la descripción de una sociedad globalizada, rizomática, tecnológica, gestada desde el primer mundo, enfrentada a sus otros, a la vez que los penetra y asume; en segundo lugar, constituye el esfuerzo por trascender esta clausura envolvente, hiperreal, relativista”[4]. Nos habla de comunidades transnacionales basadas en la religión, estilos de vida generacionales, respuestas ecológicas, identidades raciales, estructuras transnacionales en el mundo laboral, cultural y financiero. Más concretamente, se refiere a ese “gran hecho” que propone analizar denominado globalización, el cual exige nuevos dispositivos teóricos para entender mejor el abandono de la representación ante el reino de la simulación, una simulación que se sabe real[5].

En síntesis la transmodernidad no es una meta, sino la descripción de la situación en la cual nos encontramos, un punto de no retorno ante nuestras antiguas certezas, donde la emergencia de lo virtual nos sitúa, más allá de la antigua metafísica, en los retos de una nueva ciberontología de la hegemonía de la razón digital que menciona Rodríguez Magda, quien advierte que esto comporta un compromiso ético y político ante la amplificación y modificación de la realidad que ha hecho la realidad virtual, que se nos presenta ya como virtualidad real.