Jueves, 14 de diciembre del 2017
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¿A quién no le ha pasado que, de repente, le ha venido un olor intenso y rápidamente se ha dado cuenta de que estaba degustando las croquetas de su abuela? A esta sensación tan extraña y placentera, en la que se estimula un sentido, aunque se produce la impresión de otro diferente, se conoce como sinestesia, según los científicos. Este descubrimiento científico está empezando a tener una aplicación práctica gracias a las nuevas tecnologías porque, como dijo el pionero neurocirujano Paul Bach-y-Rita en El Confidencial, “no vemos con nuestros ojos, sino con nuestro cerebro”.

Desde pequeños, nos han enseñado que existen cinco sentidos: vista, tacto, oído, gusto y olfato. Pero existen otros canales por los que el cerebro recoge información como el equilibrio o la propiocepción, capacidad de sentir la posición relativa de partes corporales contiguas.

Además, en el mundo animal existen otros “poderes” de los que el ser humano carece. Algunos insectos son capaces de notar los campos electromagnéticos, especies de peces pueden detectar los campos eléctricos y las serpientes pueden ver la luz infrarroja.

Pero, ¿cómo puede utilizarse la sinestesia y el conocimiento que se tiene de los sentidos para mejorar la vida de la gente? Existen varios avances en los que la unión de la tecnología y la ciencia han permitido que las personas invidentes recuperen, en cierta medida, el sentido que no tienen.

BrainPort V100 es un dispositivo que ayuda a las personas con discapacidad visual a recibir información desde la lengua. El mecanismo consiste en poner una cámara entre los ojos que se conecta a un procesador que emite pulsos eléctricos a una placa colocada en la lengua. Los nervios sensoriales reconocen estos estímulos que el cerebro interpreta. Refleja algo parecido a una fotografía del mundo un poco peculiar.

https://www.youtube.com/watch?v=vGpFXvQF3Oc Bill Conn, gerente de Wicab, empresa encargada de desarrollar BrainPort, comentó que “ayuda a mejorar la movilidad, el reconocimiento de los objetos, como puertas, ascensores u obstáculos, y a identificar a las personas y sus movimientos”.

Conn asegura que podemos hablar de un nuevo sentido porque las personas que utilizan este dispositivo “sienten formas en la lengua, sienten como burbujas o vibraciones. A través del entrenamiento, aprenden a entender las formas y lo que representan”, ya que los usuarios pasan entre tres y cuatro días con el dispositivo antes de adquirirlo. Al 70% de quienes lo prueban terminan por comprarlo, según los datos que facilita la compañía.

El neurocientífico en Standford David Eagleman ha desarrollado una tecnología parecida, pero enfocada a las deficiencias auditivas. Vest consiste en un chaleco que convierte los ruidos en vibraciones que el cerebro aprende a interpretar como sonidos específicos.

Pero todos estos cambios en la biología de las personas nos lleva a plantear hasta dónde vamos a llegar. “La integración entre las personas y las máquinas parece inevitable”, comenta Ryan O’Shea, consejero de Grindhouse Wetware, empresa dedicada a utilizar mecanismos para aumentar las fronteras sensoriales de las personas.

Una de las creaciones más importantes es un mecanismo que le permite al usuario tener los contornos de la habitación en la que está con los ojos cerrados.

Aunque no es el único. Han ideado también Cicardia, un dispositivo que se integra por debajo de la piel del brazo y que recoge toda la información del usuario y la transmite vía Bluetooth al dispositivo. Este aparato está siendo mejorado para incluir más información con respecto al pulso del individuo, presión arterial o frecuencia cardíaca.

Pero el máximo exponente en esto de la modificación de los sentidos tiene nombre propio. Neil Harbisson ha sido el primer hombre reconocido como cyborg, una combinación entre las palabras cibernético y organismo, por un gobierno. Harbisson, un artista inglés que nació con ceguera, ha conseguido ver el mundo, aunque en escala de grises, gracias a una antena que tiene implantada en el cerebro. Este dispositivo le permite también percibir la luz de infrarrojos o ultravioleta, unas frecuencias que el resto de las personas no observan.

“El transhumanismo es el resultado inevitable de nuestra actual tasa de expansión y aceleración tecnológica”, comenta O’Shea.

Publicado en Internet

Muchas veces me pregunto si algún día encontraremos un elixir de la vida, la piedra filosofal de la que hablaba Newton. Conseguir la archifamosa receta mágica de la juventud no es ninguna locura. Estamos avanzando, de hecho, la esperanza de vida es muy superior con respecto a unos años. Los avances en ingeniería genética, física y química han propiciado que este sueño de hace unos años esté más cerca que nunca.

Ese célebre genio ha logrado prever el futuro sentado debajo de un manzano. Cuenta su amigo y biógrafo Willian Stukeley que, con una de estas manzanas a punto de caer, tuvo la idea de su famosa teoría de la gravedad. ¿Por qué esa manzana desciende siempre perpendicularmente hasta el suelo? Se preguntaba. Pues bien, desde Isaac Newton fueron muchos los filósofos, alquimistas, médicos y científicos que han cambiado el rumbo de la sociedad. Sus avances en ciencia y educación han logrado que la esperanza de vida aumente año tras año.

Podemos mejorar la especie humana

Así, surge el transhumanismo como movimiento cultural e intelectual que aparece en EEUU hace más de 20 años. Su principal objetivo es transformar la condición humana, tanto a nivel físico como psicológico. El movimiento presta atención a tecnologías actuales, tales como la tecnología de la información y la ingeniería genética. Y es que, son muchos los avances en estos sectores.

Un caso que me ha llamado mucho la atención es el de Neil Hardbison, un artista de vanguardia, famoso por ser reconocido legalmente como el primer Ciborg . El músico lleva implantado en el cráneo de su cabeza una antena. Su peculiar espíritu y su arrolladora personalidad le llevaron a crear un sensor y una antena que envían señales a un chip implantado en su cerebro. Lo fabuloso de este sistema radica en que este chip es capaz de convertir las frecuencias de luz en vibraciones, para que así sea capaz de escuchar los colores. Nunca antes había percibido colores, solo el blanco y negro. Ahora es capaz de componer música traduciendo los colores en sonidos. Increíble ¿verdad?

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Fijando las reglas del juego

En la era de la globalización, empresas como Apple, Facebook, Amazon y Google son mucho más potentes que los propios estados. Acostumbrados a pensar que son los políticos los que diseñan las políticas económicas, nada más lejos de la realidad. Son estas empresas de Silicon Valley las que han financiado a golpe de millones esta nueva doctrina. En particular, Google fundó en 2008 la Universidad de la Singularidad para tratar de lograr la ansiada eternidad y superinteligencia.

Lamentablemente, la educación no protege de la barbarie. “Lo que demostró el nazismo es que el pueblo más cultivado, con los filósofos más importantes del siglo XX, votó al 80% por Hitler a pesar de que “Mi lucha” ya se había publicado y la barbarie antisemita se perfilaba. Argumentaba LucFerry, filósofo y autor del libro “La revolución transhumanista” en una entrevista a elmundo.es.

¿Puede la inteligencia artificial superar la propia inteligencia humana?

El autor del libro “superinteligencia” de Nick Bostrom, también plantea un interesante dilema: ¿podrá la inteligencia artificial adelantar a la inteligencia humana? El autor no cree que la superinteligencia pueda ser más fiable que los humanos en la toma de decisiones, ya que supondría incorporar graves problemas éticos.

 

Ser seres más evolucionados, con mayor capacidad y resistentes al envejecimiento no es tarea fácil. Y es que, el debate sobre los límites del ser humano está de moda.

Publicado en Usos sociales
Viernes, 13 Noviembre 2015 11:36

'La tecnología nos hará inmortales'

La singularidad tecnológica está cerca y llegará con el progreso tecnológico del siglo XXI y el desarrollo de la inteligencia artificial (IA), según escriben científicos y filósofos transhumanistas. Pero, ¿qué es la singularidad?. Piensen en la ciencia ficción porque será cuando más se acerquen a la definición del término. Estamos hablando de la mejora de la biología humana por medio de la tecnología, de interfaces cerebro-ordenador o incluso de redes informáticas o robots lo suficientemente inteligentes como para mejorarse a sí mismos.

Ray Kurzweil, autor del libro La Singularidad está cerca, asegura que en 2024 este fenómeno ya será una realidad. Tanto este célebre escritor científico como otros que comparten su filosofía, aseguran que nuestra especie está a punto de evolucionar artificialmente y, tras la fusión entre tecnología e inteligencia humana, se convertirían en "posthumanos" y dominarían a todos los demás, causando cambios sociales inimaginables e imposibles de comprender por los humanos de la actualidad. Según Kurzweil, cuando esto ocurra, las personas se liberarán de sus cadenas biológicas y se consagrará la inteligencia como el fenómeno más importante de nuestro universo.

Fotograma de la película 'Inteligencia Artificial'.

Para entender esta evolución tan compleja de una forma más simple, EL MUNDO ha hablado con Albert Cortina y Miquel-Ángel Serra, autores del libro ¿Humanos o Posthumanos? Singularidad tecnológica y mejoramiento humano. Según explica Albert Cortina, la superinteligencia, la superlongevidad y el superbienestar serán los tres ejes evolutivos que llegarán con la singularidad. "Las personas no envejecerán, superarán muchas enfermedades, incluso la muerte, consiguiendo alcalzar la inmortalidad cibernética. Además, se eliminará el sufrimiento, aumentará la abundancia en el planeta y los seres humanos serán más felices", explica Cortina.

Su compañero Serra, por su parte, detalla que cuando el fenómeno se extienda, la línea que separa a los humanos y a las máquinas se difuminará, pues los implantes cibernéticos mejorarán la vida biológica, dotando a las personas de nuevas habilidades físicas y cognitivas. "Tendríamos a un ser que se compondría de una mezcla entre natural y artificial con unas capacidades que sobrepasarían de forma excepcional las posibilidades de las personas actuales. Esta superioridad sería tal que eliminaría cualquier ambigüedad entre un humano y un posthumano, completamente diferente y más perfecto".

Internet integrado en las personas

Actualmente, el término 'Internet de las Cosas' (IoT) es cada vez más familiar para la sociedad. Cada vez tenemos más dispositivos conectados a Internet y las casas inteligentes empiezan a ser una realidad. Parece perfectamente plausible que una inteligencia artificial controle absolutamente todos esos objetos tal y como lo hacía HAL 9000 en 2001, Odisea en el Espacio.

Películas de ciencia ficción como la que acabamos de mencionar ha hecho que tecnólogos y científicos se pronuncien sobre los riesgos de la singularidad tecnológica. Tal como apunta Serra, personajes tal ilustres como Stephen HawkingElon Musk, Paul Allen, Jeff Hawkings, John Holland, Jaron Lanier y Gordon Moore apoyan el diseño de una "inteligencia artificial amable", cuyos avances deberían incluir un esfuerzo para que la IA sea "intrínsecamente amable y humana" y siga Las Tres Leyes de la Robótica de Asimov para prevenir que los robots dañen a los seres humanos. Se resume en un concepto: "utilizamos el ordenador para escribir, pero no hay que olvidar enseñar a los niños también a escribir a mano, con lápiz y papel", apunta Serra.

Sin embargo, este Internet de las Cosas podría acabar dando paso al Internet de las Personas. De hecho, el padre de Internet, Leonard Kleinrock, explicó en una entrevista a este diario que Internet se convertiría en un sistema nervioso mundial, en el que no harían falta dispositivos porque el hardware necesario (como teclados, cámaras, micrófonos o pantallas) estaría integrado por medio de nanotecnología en todas partes, incluso en el cuerpo humano. Cuando esto ocurriese, según cuenta Serra, sería "el final de la cultura del esfuerzo", ya que las personas obtendrían todo el conocimiento en Internet. De este modo, el cerebro se centraría en "buscar nuevas respuestas y adquirir nuevas habilidades, con lo que se generarían nuevas funciones". Sin embargo, para que la evolución fuese lógica, "habría que garantizar que la capacidad deliberativa se mantenga intacta para que se puedan tomar decisiones libres". Por su parte, Cortina advierte que el conocimiento que se esté guardando en Internet debería también incorporar planteamientos sobre ética global para que no desaparezca la naturaleza actual del ser humano.

Humanos con órganos electrónicos

Miquel-Ángel Serra indica que los avances en biotecnología y microelectrónica, nanotecnología e informática ya resuelven en la actualidad problemas de salud. Lentes de contacto que regulan deficiencias visuales o miden la glucosa,miembros biónicos, órganos de recambio impresos en 3D, nanobots que transportan medicina a lugares precisos del organismo, microchips... son sólo unos pocos ejemplos de lo que la tecnología está haciendo en materia de salud. Es por esto que para este autor no es difícil imaginar que este tipo de implantes se acaben realizando en personas sanas para "dotarles de capacidades superiores a las que ya poseen.

Fotograma de la película 'Ex-Machina'.

Por su parte, Albert Cortina entiende este tema como un dilema ético y se propone replantear el propio concepto de salud. "Respecto a la cultura de la mejora en personas sanas habría que discernir, caso por caso, de acuerdo con los principios de precaución y de prudencia, para ver si el aumento de capacidades perfecciona el proyecto humano. No debemos olvidar que el ser humano es naturaleza y que la auténtica singularidad es la fuerza universal del Amor".

El Amor en tiempos de Inteligencia Artificial

En el oscarizado guion de la película Her, Joaquin Phoenix se enamora de la voz que Scarlett Johansson pone a su sistema operativo. José Cordeiro, de la Singularity University, afirma que no estamos tan lejos de que ocurra algo así. Según explica, el desarrollo de la inteligencia artificial generará dispositivos que puedan, entre otras cosas, enamorar y enamorarse. "El cerebro del hombre está configurado por 10 elevado a 11 neuronas. Imagina la cantidad de sentimientos que percibirán los robots cuando incorporen una tecnología de procesamiento de información superior a la humana". Estos avances provocan que en Corea del Sur, una sociedad más habituada que la occidental a la convivencia con la inteligencia artificial, se discuta la incorporación de los robots en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. A pesar de este supuesto futuro autómata, Cordeiro concluye que la inteligencia artificial nos vuelve más humanos porque, precisamente, "está desarrollada por y para nosotros". Al fin y al cabo, emociones como las que provoca la banda sonora de Arcade Fire en la cinta, nacen de artilugios que no hace tanto supusieron una revolución tecnológica. 

Publicado en Infraestructura

En la entrega anterior vimos cómo la condición tecnológica ha sido determinante en el desarrollo generacional de quienes nacieron y vivieron durante el siglo pasado y quienes lo hicieron con el nuevo milenio. Analizamos el tránsito de la modernidad a la modernidad líquida que sugiere Bauman y los efectos que trajo consigo este cambio de paradigma a través del desarrollo tecnológico.

Hoy nos instalaremos en la configuración teórica de la transmodernidad propuesta por la catedrática española Rosa María Rodríguez, para hablar del denominado “transhumanismo” y ver no sólo hasta dónde está llegando la tecnología, sino también la endocolonización tecnológica en los seres humanos que podrían estar perdiendo esta categoría dentro de unos años para adoptar la de seres vivos. El giro histórico que experimentamos como sociedad, al pasar del mundo de las certezas de la modernidad, donde el tiempo tenía historia gracias a su capacidad de contención, a un mundo en el cual el tiempo depende de la tecnología de los medios de transporte artificial, donde los límites heredados de la velocidad de movimiento pueden transgredirse, nos permitirá analizar las mutaciones de la cultura en la era de su distribución electrónica, de la que habla el investigador español José Luís Brea.[1]

La transmodernidad como experiencia de vida la percibimos como la reducción del espacio y la aceleración del tiempo. La vieja expresión de “matar el tiempo” es inusual, entre otras cosas, porque ya no es posible disponerse a matar el tiempo, es éste el que nos mata a nosotros. En el plano teórico, la transmodernidad ya no es sólo entendida a partir de la afirmación postmoderna de la imposibilidad de esos grandes relatos de los que hablaba Lyotard, sino un paradigma que presenta un modelo global de comprensión de nuestro presente.[2]

Para la especialista Rodríguez Magda sí existe un nuevo relato en la actualidad que puede ser objeto de estudio de la transmodernidad: el de la globalización; un nuevo gran relato que no obedece al esfuerzo teórico o socialmente emancipador de las metanarrativas modernas a las que estábamos acostumbrados, sino al efecto inesperado de las tecnologías de la comunicación, la nueva dimensión del mercado de la geopolítica y, agregaríamos, de la geocultura. Recuérdese todo lo analizado en la entrega anterior, particularmente los efectos de la convergencia tecnológica y la concentración empresarial de las industrias culturales que están determinando el  nuevo consumo cultural del mundo.

Es por ello que, a partir de los efectos generados por las tecnologías de la comunicación en la nueva dimensión de los mercados y su impacto en la sociedad, Rodríguez Magda propone observar la configuración del presente con sus modificaciones bajo el nuevo paradigma trans y no propiamente del post, ni del principio de licuefacción propuesto por Bauman, quien prefiere hablar de modernidad líquida, dado que el prefijo “trans” connota la forma actual de trascender los límites de la modernidad, basado no sólo en los fenómenos transnacionales, sino en la primacía de la transmisibilidad de la información en tiempo real, lo mismo que la transculturalidad, donde señala que la creación remite a una transtextualidad y la innovación artística es concebida como transvanguardia.[3]

En ese sentido, “la transmodernidad constituye la descripción de una sociedad globalizada, rizomática, tecnológica, gestada desde el primer mundo, enfrentada a sus otros, a la vez que los penetra y asume; en segundo lugar, constituye el esfuerzo por trascender esta clausura envolvente, hiperreal, relativista”[4]. Nos habla de comunidades transnacionales basadas en la religión, estilos de vida generacionales, respuestas ecológicas, identidades raciales, estructuras transnacionales en el mundo laboral, cultural y financiero. Más concretamente, se refiere a ese “gran hecho” que propone analizar denominado globalización, el cual exige nuevos dispositivos teóricos para entender mejor el abandono de la representación ante el reino de la simulación, una simulación que se sabe real[5].

En síntesis la transmodernidad no es una meta, sino la descripción de la situación en la cual nos encontramos, un punto de no retorno ante nuestras antiguas certezas, donde la emergencia de lo virtual nos sitúa, más allá de la antigua metafísica, en los retos de una nueva ciberontología de la hegemonía de la razón digital que menciona Rodríguez Magda, quien advierte que esto comporta un compromiso ético y político ante la amplificación y modificación de la realidad que ha hecho la realidad virtual, que se nos presenta ya como virtualidad real.


Transhumanismo: ¿una ciencia ficción tomada demasiado en serio?

Así es como se nos presenta el denominado “transhumanismo”, una filosofía centrada en la creencia de que una nueva especie humana es posible a partir del aprovechamiento de la tecnología selectiva, utilizada para la creación y el diseño de hijos perfectos, el aumento del rendimiento físico, el control de las emociones y la prolongación de la vida misma.

Esta línea de pensamiento, que ha rebasado la línea de la ficción, es decir, ya es una realidad presente en un importante número de países, México entre ellos, hace uso de la tecnología para borrar dos características determinantes de la materia viva: la temporalidad y el envejecimiento, conceptos reducidos a enfermedades que pueden ser combatidas. Como filosofía de vida, el transhumanismo promete un estado de bienestar basado en la endocolonización tecnológica, marcando así la tendencia actual de la simbiosis del ser humano: cada vez menos con la naturaleza, cada vez más con la tecnología. Estamos ante lo que hace poco más de dos décadas el teórico cultural Paul Virilio señaló como el término de la evolución natural, debido a la endocolonización de la tecnología en el cuerpo humano, esa invasión que se acentuó primero en los denominados ciborgs, seres formados por materia viva y dispositivos electrónicos, según la Real Academia de la Lengua.[6]