Jueves, 14 de diciembre del 2017
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El sector de los videojuegos continúa incrementando su importancia en España. Mientras que en los últimos cada vez hay una mayor inversión para potenciar la marca nacional, a pesar de que aún queda camino, la venta de juegos, consolas y accesorios contribuye más a la economía española. Según el último informe elaborado por los expertos de EAE Business sobre la industria del videojuego , este año se espera que aumente un 14,8% su aportación a las arcas del Estado, unos 128,56 millones de euros.

El videojuego en España se ha convertido en uno de los pilares fundamentales de la industria cultural, llegando a superar al mundo de la literatura o al de la música. Gran protagonismo tendrán los juegos online, cuyo peso será mayor con el paso de los años. En concreto, se espera que en 2020 estos juegos alcancen unos ingresos de 106 millones de euros, muy superior a la facturación de los juegos físicos, que llegarían hasta los 13 millones.

Por su parte, desglosando por videoconsolas, la reina es la Play Station 4, cuya facturación llega a casi los 200 millones de euros. Segunda, con 60 millones, está la Nintendo 3Ds, mientras que el podio de honor lo cierra la Play Station 3, con 25 millones. Según el estudio, una de las razones por la que los jugadores deciden cambiar de videoconsola se trata de querer conseguir la versión más actualizada.

Los ingresos por publicidad también experimentarán un crecimiento importante, ya que se espera que de los 33 millones actuales se incrementen hasta los 44 en 2020. Todos estos datos positivos repercutirán en el empleo también. Este sector emplea a 7.024 personas en España en 2017, y según los expertos que elaboran este informe, la tendencia es «muy positiva», esperando que en 2020 alcance los 10.113 empleos.

Gasto por Comunidades

En cuanto a los datos por Comunidades Autónomas, el ranking de gasto lo lidera Andalucía, con 59 millones de euros, seguida de Cataluña y Madrid, ambas con 58, y la Comunidad Valenciana con 37 millones. En las antípodas se encuentran La Rioja, con 2 millones de gasto, Navarra y Cantabria, las dos con 4 millones.

El gasto por habitante en videojuegos en España ha sido de 8,8 euros en 2016 y se espera una caída, entre el año 2015 y 2019 de un 19,5%.

Publicado en Usos sociales
Martes, 04 Julio 2017 08:07

Sony vuelve al vinilo

Esto suena bien. Sony volverá a fabricar discos de vinilo tras abandonar dicho formato en 1989, cuando se entregó al «compact disc» que había inventado con Philips siete años antes. Casi tres décadas después, el aumento de ventas del vinilo ha convencido a la multinacional nipona para retomar su producción en dos plantas de Japón. Así se lo ha confirmado a Efe un portavoz de la compañía.

Como gigante tecnológico y de la música, ya que su discográfica copa un tercio del mercado mundial, el regreso de Sony al vinilo confirma su buena salud dentro del moribundo panorama actual. Mientras el pirateo en internet se carga al CD, las ventas de vinilos suben cada temporada. En Japón rozaron las 800.000 unidades el año pasado, ocho veces más que en 2010. Mucho más cuantiosas eran en Estados Unidos, donde llegaban a los 17,2 millones de discos, y en ese paraíso musical que es el Reino Unido, donde superaban al formato digital. Este resurgir del vinilo también se aprecia en España, donde se han doblado las ventas hasta unas 300.000 unidades.

Tras ser enterrados durante los años 90 y 2000 por los discos compactos, que revolucionaron la música por la limpieza de su sonido y su pequeño tamaño, los elepés de toda la vida resucitan gracias a los nostálgicos y a los jóvenes melómanos enamorados de su particular sonido y su encantador formato. Aunque nadie duda de que la reproducción digital es más pura, le falta la calidez del vinilo, con más matices y texturas sonoras precisamente por no ser tan perfecto.

Diluida durante años en la tecnología digital, donde ha perdido su materialidad en los reproductores MP3 o en internet, la música recupera su cuerpo y se redescubre el placer adolescente de escuchar un disco. Frente a la fría invisibilidad del digital, se imponen el tacto y el diseño: sacar el vinilo del álbum, colocarlo en el tocadiscos mientras empieza a girar hipnótico y posarle la aguja sobre los surcos. Con el siseo único del LP, desde «Carmina Burana» hasta Pink Floyd suenan más épicos y envolventes mientras uno navega hechizado por las letras y diseños de algunos discos, a veces obras de arte comparables a la música que contienen.

Teniendo en cuenta el gusto japonés por la excelencia, lo raro no es que Sony se haya decidido ahora a fabricar otra vez vinilos, sino que no lo hiciera antes. Entre los callejones de Shibuya, bajo los neones que alumbran el hormiguero humano de su famoso paso de peatones, las tiendas de vinilos ofrecen no solo discos de segunda mano o reediciones de clásicos del rock y el pop, sino también novedades del «techno» y la electrónica. Ahora, todas las estrellas sacan sus discos en cuidadas y carísimas ediciones en vinilo. Por eso, hasta Sony, el padre «pródigo» del CD, vuelve a los discos de toda la vida.

En 2016 se vendieron 800.000 vinilos en Japón; 17,2 millones en EE.UU. y 300.000 en España.

 

Publicado en Empresa

 

Los artistas en Bucaramanga cuentan con una plataforma cultural que promueve sus productos y les permite generar contactos con la comunidad digital.

La iniciativa es desarrollada por el Instituto de Cultura de la capital santandereana y se ha convertido en una herramienta de mercadeo digital para que los gestores en diferentes expresiones culturales muestren y posicionen sus productos artísticos con el respaldo de la tecnología.

Para el director del Instituto, Néstor José Rueda Gómez, se pretende que los artistas expongan sus productos y servicios para efectos de eventuales contrataciones mediante esta vitrina virtual. “Acá se encuentran los grupos de música, teatro, danzas, los grupos de teatro callejero y otras expresiones que les permiten a los visitantes en la web conocerlos y hacer uso de su portafolio de servicios”, explicó el funcionario.

El propósito, según explicó Rueda Gómez, es que se masifique el uso de esta plataforma, que además es gratuita, por parte de la totalidad de gestores culturales de la ciudad. Allí pueden dejar los datos de correo electrónico, teléfonos, página eeb, una reseña histórica y cualquier información que les facilite contactos directos con personas y entidades de la industria cultural.

Para acceder a esta herramienta tecnológica se debe ingresar a www.portafolioculturaldebucaramanga.gov.co.

Publicado en Infraestructura
Lunes, 02 Noviembre 2015 09:04

Cómo preparar la muerte digital

Hoy en día todos los recuerdos de una persona se almacenan de forma digital dentro de muchos dispositivos: fotografías, vídeos y documentos pueden encontrarse dentro de móviles, tablets, ordenadores y, dentro de poco tiempo, también dentro de gadgets y objetos inteligentes. Además, sus redes sociales están plagadas de contenidos, de historias, de conversaciones...

¿Qué ocurre con todos esos bytes cuando alguien fallece?, ¿a dónde van?

A ninguna parte, a no ser que la persona en cuestión haya sido lo suficientemente precavida como para crear un testamento digital.

En España ya están empezando a fundarse empresas especializadas en servicios funerarios virtuales. Tellmebye, por ejemplo, prepara la transferencia de esos contenidos, pero también digitaliza servicios tradicionales como los obituarios o los libros de condolencias.

Cuando una persona realiza un testamento en una empresa como Tellmebye, los convierte en sus albaceas de contenido virtual. Así, cuando se comunica y se confirma el fallecimiento, el patrimonio digital se entrega a las personas a las que ha legado sus derechos, tanto contraseñas de cuentas como archivos.

Derecho al olvido

¿Y si alguien no ha hecho testamento digital?. Muchas personas se harán esta pregunta. Si un familiar ha fallecido y tiene cuentas abiertas en redes sociales ¿cómo puedo pedir su eliminación?.

Facebook, por ejemplo, en Estados Unidos ya permite que los usuarios seleccionen un heredero de la cuenta, para que éste la gestione o publique algún mensaje para anunciar el funeral. En los países en los que esto no es posible, la red social da la opción de informar del fallecimiento para convertir su perfil en una cuenta conmemorativa o eliminarlo definitivamente. Para ello, Facebook pide que realicemos una solicitud y aportemos el certificado de defunción.

Por su parte, Twitter permite eliminar la cuenta por medio del formulario de privacidad. Una vez enviada la solicitud, la red social se pone en contacto con nosotros y nos envía instrucciones por correo electrónico para que proporcionemos cierta información sobre el fallecido, una copia de su DNI y una copia de su certificado de defunción. Además, Twitter también ofrece un servicio relacionado con el derecho al olvido: eliminar imágenes o vídeos de personas fallecidas. La solicitud se rellena también en el formulario de privacidad, pero en esta ocasión será la red social quien decidirá si se elimina el contenido, dependiendo del interés público o el valor informativo.

Derecho al recuerdo

La empresa catalana Tellmebye no sólo se dedica al sector funerario, tambiénayuda a personas con alzheimer a preservar sus recuerdos.

Según cuenta a EL MUNDO Carlos Jiménez, creador de la startup, mediante acuerdos de colaboración con asociaciones, las personas afectadas por esta enfermedad que todavía no han entrado en el tercer grado (cuando pierden definitivamente la memoria), podrán crear una 'caja' de recuerdos virtuales. De este modo, cuando con el tiempo llegan a la fase severa, la asociación habla con Tellmebye y la empresa libera el contenido para entregárselo a los herederos, que podrán decidir qué hacer con el "banco de memoria" de su familiar.

Publicado en Virtualidad
Lunes, 02 Noviembre 2015 08:25

Vida virtual tras la muerte

Cualquiera que sea la forma de inmortalidad que nos depare el futuro —holograma o avatar, curación o clonación—, hay una de la que ya disponemos hoy, en este mismísimo Día de Todos los Santos: la permanencia en las redes sociales, una forma de vida virtual después de la muerte que seguramente deje al muerto tan frío como estaba, pero de algún modo deposita una copia suya en la nube para consuelo de sus allegados, o al menos de sus amigos en Facebook. Nos guste o no, esta es la manera de morirse en los albores del tercer milenio, y faltar a ella empieza a parecer tan desconsiderado como ponerse una corbata roja en un entierro.

Por mentira que parezca, Facebook todavía no ha cumplido un decenio, pero ya se le han muerto 30 millones de usuarios, siguiendo esa fatídica costumbre que tenemos todas las cosas biológicas en este valle de lágrimas. Ese es por tanto el número de almas que andan penando por el lado oscuro de la red social de Mark Zuckerberg. Es como un Shanghái y medio de espectros digitales fotando por el hiperespacio —la ciudad más poblada del otro mundo—, y sus efectos se están dejando notar en este.


Ritos funerarios e inhumaciones

No es infrecuente, por ejemplo, que te llegue una petición de amistad de un muerto, lo que te puede dejar en un estado de ánimo filosófico, por llamarlo de alguna forma. Facebook, de hecho, ofrece la posibilidad de crear una cuenta conmemorativa de los usuarios que nos han dejado, y hay sitios como Duelia.org que están dedicados exclusivamente a ese tipo de cosa. Otras empresas, como el Grupo Mémora, permiten recopilar el legado digital del finado, lo cual puede resultar pavoroso, al menos en ciertos casos. Por fortuna, hay otras firmas, como Postumer.com, que se centran en todo lo contrario: eliminar las cuentas del muerto y borrar su paso por este mundo para empezar de cero en el otro. La gente se muere y para la mayoría parece trivial qué va a pasar con todos sus me gusta y sus tuits. Pero el legado digital crece sin medida: cerca de 55 millones de fotos se publican en Flickr cada mes, Youtube da alojamiento a cientos de miles de vídeos a diario y uno de cada cinco habitantes del mundo tienen una cuenta en Facebook.

No es infrecuente que llegue una petición de amistad de un muerto, lo que deja un estado de ánimo filosófico

Pese a todo lo anterior, los entierros, incineraciones y funerales siguen siendo tan reales como antes de que se inventara el transistor, aunque no por ello permanecen inmunes al empuje tecnológico. Un tercio de los asistentes a los entierros, por ejemplo, se hacen selfies en el cementerio, y muchos de ellos cuelgan la foto en Instagram sin haber esperado ni al soterramiento de la caja, según un estudio con 2.700 encuestados encargado por la funeraria británica Perfect Choice Funerals. La razón por la que la funeraria encargó ese estudio no está del todo clara; tal vez piensen alquilar palos de selfie a la llegada de la comitiva mortuoria: en esos tristes momentos siempre hay quien lo olvida en casa.

Sí, puede parecer escandaloso, irritante, de mal gusto, pero recordemos esos funerales de Nueva Orleans que todos hemos envidiado en secreto, cuando, una vez la carne mortal se ha dejado en el hoyo, la orquesta vuelve al bollo con brillante bronce y achispada síncopa. ¿Qué importa un selfie al lado de todo eso?

O, ampliando el foco de la pregunta: ¿qué hay de realmente nuevo en el duelo en el mundo contemporáneo?, ¿nos otorgan la ciencia y la tecnología alguna forma nueva, siquiera metafórica, de inmortalidad? Y si no lo hacen ahora, ¿lo llegarán a hacer?

Respecto a la primera pregunta, relativa a la situación presente, Facebook, los blogs y las demás webs dedicadas al duelo y la memoria están extendiendo a la población general lo que hasta ahora era el privilegio de los grandes escritores, los memorialistas y otras celebrities: la forma de inmortalidad que otorga la obra. Pero este asunto ya lo zanjó hace tiempo Woody Allen, que no quería ser inmortal en su obra si no a través de no morirse. Exacto. Y ahí está el problema.

Internet está extendiendo a la población general lo que hasta ahora era el privilegio de los grandes escritores

El problema es que, por más que digan los curas, los metafísicos y los libros de autoayuda, la muerte no es un asunto religioso, metafísico ni psicoanalítico, sino tan material como la vida misma, que está hecha de cosas que se deterioran, degeneran y se desintegran. Pocos principios habrá tan generales como ése. Todos entendemos perfectamente la muerte, siempre que sea la muerte de los otros. Nuestra incapacidad para aceptar la nuestra, y de vivir tranquilamente hasta que llegue, no es más que una consecuencia de lo díficil que resulta entender la idea de no ser. Pero también es difícil entender el bosón de Higgs, y ahí lo tienen fotografiado en Ginebra.

¿Nos hará inmortales la clonación? No, por el amor de Dios. Un clon no es más que un hermano gemelo, solo que vive más tarde. Y, viendo a una pareja de gemelos, a nadie se le ocurre que, si se muere uno, el muerto vaya a sobrevivir en el otro. Son dos personas, todo lo parecidas que se quiera, pero dos. Entonces, ¿no será posible descargar la estructura cerebral de uno, incluidas todas sus experiencias y sus recuerdos, en algún tipo de soporte físico o lógico? Pues seguro que sí, pero el resultado no serás tú, sino otra cosa que se parecerá a ti todo lo que quieras, pero será otra cosa. Lo mejor será que nos olvidemos de ser inmortales. Si cada uno dejamos una página de Facebook, no habrá nadie para leerlas y seguiremos solos e ignorados durante una eternidad de silicio, un infinito interminable, una nada como cualquier otra, un aburrimiento.

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