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ANÁLISIS

Megamulta de IFT a Telmex tuerce regulación y compromete inversiones

• La multa por 2,543 mdp es desproporcionada y afecta inversiones del operador
• La resolución afecta los objetivos y rentabilidad de la separación funcional
• La multa es infundada porque sobre el operador ya pesa la regulación asimétrica de preponderancia

Policy & Law

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Desenterrar expedientes

El Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) exhumó del cementerio regulatorio un procedimiento administrativo acusatorio de 2013 (previo a la reforma en materia de telecomunicaciones) contra Telmex y le impuso una multa desproporcionada de 2 mil 543 millones 936 mil 879.63 pesos (equivalente a 1% de sus ingresos de 2013) por haber incumplido la Condición 4.1 de su título de concesión sobre metas mínimas de calidad de servicio. Al regulador se le olvida que cualquier resolución que adopte su Pleno debe ceñirse a los derechos fundamentales y, en este caso, la multa atenta contra el derecho de acceso a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).

Regulación superada por la preponderancia

¿Cuál fue el pecado o la conducta imputada a Telmex?: el operador fijo no alcanzó el plazo de entrega para el servicio de arrendamiento de enlaces dedicados locales y de larga distancia.

Lo anterior deriva de un incumplimiento de la Resolución de Metas Mínimas 2011-2014, un instrumento regulatorio aprobado el 12 de julio de 2012 por la extinta Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel), el cual carece de una metodología para, precisamente, ponderar el cumplimiento.

El tema es cuestionable por sí mismo por cuanto la reforma constitucional de 2013, la ley secundaria de 2014 y la declaratoria de preponderancia de 2013 (incluida la resolución de servicios mayoristas) modificaron las reglas del juego y le impusieron al grupo económico de América Móvil-Telmex-Telcel medidas regulatorias asimétricas exorbitantes, incluidas las ofertas mayoristas y la separación funcional de Telmex durante la revisión bienal de la efectividad de las medidas de preponderancia.

La resolución que tomó el Pleno del IFT de multar a Telmex el 12 de diciembre ocurre cuando el regulador posee amplias atribuciones para regular el sector vía la preponderancia, cuando la empresa está en proceso de separación de sus negocios mayoristas, cuando las empresas han perdido valor e ingresos en el mercado, cuando a la compañía se le impide y se le castiga por crecer por su carácter de preponderante y cuando se requiere más inversión en redes para cerrar la brecha digital y contribuir a la expansión de la cobertura de los servicios de telecomunicaciones, objetivo al cual el IFT no se ha sumado desde la aprobación de la reforma, fallando en su obligación constitucional.

Implicaciones

La megamulta tiene implicaciones directas en las finanzas de la empresa, el sector de telecomunicaciones y las metas de conectividad del país:

  1. La multa atenta contra cualquier principio de proporcionalidad, por lo que es desmesurada.
  2. La resolución le arrebata liquidez a la empresa cuando debe velar por la rentabilidad de las empresas mayoristas separadas funcionalmente.
  3. Pone en riesgo los derechos laborales de más de 60 mil empleados de Telmex, porque ninguna empresa está obligada a sostener una operación sin ingresos.
  4. La medida pone en riesgo las mismas obligaciones de cobertura social que tiene en exclusiva esa empresa por razones de su título de concesión, comprometiendo el derecho fundamental de acceso a las Tecnologías de la Información y la Comunicación, incluida la banda ancha, para que más mexicanos tengan acceso a servicios de voz y datos.
  5. Cuando un nuevo gobierno tiene entre sus programas prioritarios ofrecer Internet para todos, la megamulta a Telmex llega para afectar directamente la futura política pública de inclusión digital, en lugar de coadyuvar al cumplimiento de la misma, como señala la Constitución.
  6. La multa castiga no sólo a Telmex sino al sector de telecomunicaciones en su conjunto porque estanca la inversión; la empresa optará entre pagar la multa o invertir.
  7. Al aprobar su resolución, el IFT retrasa un derecho fundamental como el acceso a las TIC, por cuanto impacta negativamente sobre las inversiones del operador.

Conclusión

Con esta resolución, el IFT se aleja de sus objetivos regulatorios, es decir, modular las conductas de los operadores no sólo para generar condiciones de competencia sino garantizar el acceso a los servicios.

La decisión es desproporcionada; ajena a cualquier racionalidad regulatoria; además de tardía, inoportuna; genera incertidumbre porque aplica una regulación superada por la declaratoria de preponderancia, aplicando retroactivamente una resolución que le afecta más a la empresa; secuestra la inversión del operador y compromete la viabilidad financiera de la separación funcional; además de que no habrá Internet para todos, como se comprometió el gobierno de la Cuarta Transformación.

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ANÁLISIS

Presupuesto del IFT: la política falló

Jorge Bravo

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El Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) tendrá que conformarse con un presupuesto de 1,500 millones de pesos de los 1,780 millones que solicitó a la Secretaría de Hacienda, después de que la Cámara de Diputados le recortara de forma inopinada 280 millones. Menos proyectos o menos personal o ambos podría ser una triste realidad para el IFT en 2019. ¿Por qué ocurrió?

Elaborar un presupuesto es tarea de expertos pero defenderlo es un asunto político. Lo fue para cientos de alcaldes que estuvieron formados en San Lázaro para entregar en la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública las solicitudes de dinerito para sus municipios. Lo fue para el rector de la UNAM que mostró un músculo político de más de 350 mil estudiantes y 40 mil académicos y lo es para cualquier persona. Todos en alguna ocasión debemos ponernos la cachucha de vendedor y persuadir al “dueño del dinero” del presupuesto que creemos merecer con los mejores argumentos. Pero el IFT no lo hizo correctamente.

He escuchado a varios ex funcionarios públicos repetir el mismo mantra: “¿quieres 50 pesos? ¡pide 100!”. Eso hacemos todos, sabiendo que existe un margen de negociación. Es fácil decirlo pero también intentarlo si se presentan los proyectos. ¿Por qué el IFT sólo solicitó 1,780 millones en lugar de los 1,998 millones de 2018 o incluso más? No es un tema de austeridad o recortes de privilegios sino de falta de visión y desconocimiento de lo que realmente debe hacer la institución, que no es sólo promover la competencia.

El miércoles 5 de diciembre compareció el IFT ante diputados de la Comisión de Radio y Television respecto del presupuesto de egresos de la federación 2019. Acudió, acompañado de otros funcionarios del IFT, Mario Fócil, titular de la Unidad de Administración del IFT. Fócil disculpó a Gabriel Contreras, comisionado Presidente del IFT, quien no pudo acudir con los diputados porque tenía una sesión del Pleno. Todo lo que escribo se puede verificar aquí: https://goo.gl/x6W1Ux.

Señora y señores comisionados: ¿no podían posponer su sesión del Pleno ante un tema tan relevante como el presupuesto de la institución de donde obtienen sus salarios e ir todos a defenderlo? Es conocida la animadversión de AMLO por los organismos autónomos. Ha dicho que “agrandaron el gobierno” y que son “supuestamente organos autónomos con muy buenos sueldos para los altos funcionarios públicos y mucho derroche”.

Ingresé al sitio del IFT para saber qué asunto había sido tan importante como para que el Comisionado Presidente no acudiera en persona a defender el presupuesto, pero las sesiones del Pleno están actualizadas hasta el 16 de noviembre. ¿Es relevante? Sin duda: Contreras no sólo es el Presidente del IFT, sino que rodeado de seis comisionados técnicos-expertos, él es el comisionado político.

Mario Fócil presentó el proyecto de presupuesto del IFT ante la Comisión de Radio y TV. Su estrategia se centró en cuatro ejes, a la postre fallidos: beneficios de la reforma (por desgracia, ningún diputado se inmutó); especialización (es importante, pero no lo fue para ningún diputado); criterios de austeridad, racionalidad y disciplina en el gasto público (no logró tocar el corazón de una comisión y “cena de negros” que de 29 diputados 15 son de Morena) y recaudación para las arcas de la federación de ingresos provenientes de las licitaciones de espectro (esta parte fue cuestionada por diputados con notable desconocimiento en la materia pero lengua afilada).

La especialización (uno de los principios que fundamenta la creación de un organismo constitucional autónomo) fue utilizada por el titular de la Unidad de Administración para justificar por qué “sólo 16 funcionarios del IFT” debían ganar más que el presidente López Obrador.

El argumento de la recaudación fue desastroso para el IFT. Como los diputados no son expertos pero sí grillos, supieron destruir ese argumento. Fócil reseñó que de 2013 a agosto de 2018 el IFT había recaudado “por derechos y  otros conceptos” 70,716.48 millones de pesos, mientras que el costo de operación del instituto había sido de 9,978 millones, “es decir, sólo 14.1 por ciento”. E insistió: “por cada peso que le han asignado al IFT el instituto ha generado siete pesos al Estado mexicano”.

El argumento recaudatorio fue tan débil, perjudicial y amenazante al mismo tiempo que se convirtió en un búmeran directamente al rosto del IFT. Es como suponer que el mérito de la UNAM, de la CNDH o del INE es recaudatorio y no social o democrático. El IFT incurrió en una terrible confusión de sí mismo y en una pésima estrategia suplicante: “no seas malo, merezco mi presupuesto porque te genero muchos ingresos… y puedo seguir generándolos”. El diputado de Morena, Luis Javier Alegre (que en todo momento se refirió al instituto como “la Ifetel” (sic)), supo dinamitar el argumento y no dejó de repetir que “la Ifetel debería ser un órgano regulador y no recaudador”, algo que la industria y no pocos analistas comparten.

Ante las adversidades que ya se preveían para el presupuesto del IFT como órgano autónomo non grato para el morenismo, todo indica que no hubo una estrategia por parte del instituto, fue fallida y tampoco ocurrió un cabildeo político para defender la pertinencia del presupuesto. Enrique Peña Nieto le facilitó al IFT un buen presupuesto porque fue una institución creada durante su administración, pero era obvio que ese estado de confort cambiaría con un gobierno abiertamente hostil con los organismos autónomos y sus autoridades… y todavía no somos testigos de los atentados directos a su autonomía.

Cuando ya se había dictaminado el presupuesto en la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública y se decidió recortar 180 millones al IFT, el instituto emitió un comunicado dominical diciendo que la disminución “pone en grave riesgo el cumplimiento de las atribuciones y proyectos sustantivos para 2019”. Se refirió a sus competencias en el artículo 28 constitucional e hizo un respetuoso pero sobre todo tibio llamado a “reconsiderar la propuesta de presupuesto presentada por el IFT”.

Ingresé al sitio del IFT para conocer esos “proyectos sustantivos para 2019” y descubrí que el IFT no ha hecho público su Programa Anual de Trabajo (PAT) 2019. Verifiqué y el PAT 2018 fue aprobado por el Pleno hasta febrero de 2018. Hubiera sido un punto a favor del IFT en la discusión del presupuesto conocer al menos un avance del PAT 2019, pero no se les ocurrió.

Independientemente de ello, no escuché a los funcionarios del IFT durante su comparecencia hablar de inclusión digital, de conectar a más mexicanos, de cerrar la brecha de conectividad o de género; no mencionaron la tutela que les corresponde del derecho fundamental de acceso a las TIC, incluida la banda ancha. ¿Es necesario aclararlo? A los legisladores de Morena (cuyo lema es “por el bien de todos, primero los pobres”) hay que hablarles con la voz del pueblo y los beneficios sociales de Internet. A falta de un político que negociara y argumentara a favor de la función social del IFT y la inversión pública que requiere para ello, los técnicos y abogados del instituto hicieron gala de su conocimiento de artículos, párrafos e incisos.

Como órgano autónomo el IFT es un poder del Estado en sí mismo porque su actuación no está sujeta ni atribuida a los depositarios tradicionales del poder público (Legislativo, Ejecutivo y Judicial), pero se le ha encargado en la Constitución una función estatal específica y especializada, no limitada al artículo 28 de la Carta Magna (competencia económica), sino también a los artículos segundo (pluriculturalismo), tercero (educación), sexto (derecho de acceso a las TIC) y séptimo (libertad de expresión) de la Constitución. Los derechos fundamentales no admiten austeridad y alguien tenía que recordárselo a los legisladores, pero para muchos funcionarios del IFT esa sigue siendo tierra ignota y además no creen en el derecho de acceso a las TIC con convicción.

Dice el respetuoso comunicado del IFT que el recorte afectará “promover el desarrollo eficiente de las telecomunicaciones y la radiodifusión”. Por ejemplo, el IFT carece de un programa para promover la radiodifusión pública, por demás ineficiente. Ante el recorte sistemático que sufren cada año los medios públicos, el IFT podría ayudar con algunos milloncitos para programas específicos que les permitan cumplir sus atribuciones legales y su función social como su digitalización o pleno acceso a tecnologías. Aún más: ¿qué programas tiene el IFT para contribuir al logro de los objetivos de la política de inclusión digital y cobertura universales? ¿El Programa Prioritario “Internet para todos” del nuevo gobierno de AMLO no era una buena oportunidad para diseñar un programa coadyuvante y pedir presupuesto adicional para ello? La Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión le concede al IFT 63 atribuciones. Cada una de ellas admite programas y proyectos temporales y permanentes y oportunidades de solicitar presupuesto.

El IFT tiene un enorme poder legal no suficientemente explotado pero sobre todo una hermosa responsabilidad social y política: lograr que millones de mexicanos (incluidas mujeres, jóvenes, indígenas, adultos mayores y personas con discapacidad) accedan a los servicios de telecomunicaciones y radiodifusión. Esa labor es suficientemente ardua y ambiciosa para demandar el presupuesto necesario.

Llama la atención que algunos comisionados reconozcan esa importancia social justo después del tijeretazo de los diputados. El comisionado Javier Juárez comentó en Twitter: “Las telecomunicaciones y la radiodifusión son servicios habilitadores de derechos y oportunidades para todos.” Comisionada María Elena Estavillo: “El presupuesto del IFT no es gasto, es inversión social.” Coincido: ¿por qué no fueron a demostrarlo a la Cámara de Diputados? Decía el destacado politólogo Guillermo O’Donnell: “los derechos hay que escribirlos en la ley porque es la única forma de defenderlos y exigirlos; (pero) todo derecho está amenazado y es reversible”.

Durante más de cinco años el IFT ha hecho política, pero el día que más se requería de los talentos de un comisionado político, ese día no se hizo lo suficiente para defender el presupuesto del IFT. Proponer al Pleno el anteproyecto de presupuesto para su aprobación y remitirlo a la Secretaría de Hacienda es una facultad indelegable del Presidente del IFT. Por cierto, el Estatuto Orgánico del IFT señala en su artículo 14 que “el Presidente ejercerá sus facultades directamente o mediante acuerdo delegatorio publicado en el Diario Oficial de la Federación a través de los Titulares de Unidad”, como fue el caso de Mario Fócil ante la comisión en San Lazaro. Ingresé al DOF para buscar el acuerdo delegatorio y no lo encontré…

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ANÁLISIS

Crisis institucional y errática definición de políticas públicas en telecomunicaciones en Chile

Pedro Huichalaf Roa

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Para nadie es un misterio que la industria de telecomunicaciones móviles pasa por una etapa de conflicto con la Subsecretaría de Telecomunicaciones (Subtel) de Chile.

Apenas unos meses de asumido el gobierno de Sebastián Piñera y con la designación de la Ingeniera Comercial Pamela Gidi, dos hechos marcaron un antes y un después en cuanto a la estabilidad regulatoria del mercado de las telecomunicaciones.

Todo comenzó con una decisión administrativa de congelamiento de espectro de la banda de 3,500 MHz, inédita y absolutamente cuestionable sobre su fundamento, sin justificación real más que con una lógica de “estudio” de espectro para un futuro 5G, por un supuesto uso ineficiente de espectro, que generó inmediata reacción de la industria, con interposición de recursos de protección en contra de la Subsecretaría de Telecomunicaciones, con denuncia de “lobby feroz” por parte de la autoridad, lo que llevó finalmente a una vuelta en “u” al revertirse la decisión, manteniendo espectro en operadores, generado las críticas de sectores que apoyaron inicialmente a la autoridad, perdiendo con ello credibilidad en las decisiones, toda vez que no se hizo cargo de su denuncia de uso ineficiente de espectro, ni menos se avanzó en “estudios” prometidos.

Por otro lado, una sentencia de la Corte Suprema respecto al concurso de la banda de 700 MHz, iniciado en el primer gobierno de Piñera, que ordenó finalmente a empresas a devolver parte del espectro en exceso de 60 MHz conforme a un criterio fijado en 2009.

Sin embargo, la Corte le dio opción a la Subtel para que realizara una consulta ante el Tribunal de la Libre Competencia para determinar si era necesario la existencia de un límite de espectro por empresa de telecomunicaciones.

Lo relevante de esta consulta no sólo se basa en un tema de libre competencia, sino también en la forma de gestionar el espectro radioeléctrico, que es un bien nacional de uso público, es decir, de todos los chilenos.

Así, es la Subtel la que debería liderar este proceso para poder definir, por ejemplo, la forma como llegarán tecnologías como 5G, que prometen mejor velocidad de acceso, mayor cantidad de dispositivos móviles y OITs conectados, menor tasa de latencia y nuevas oportunidades de implementar tecnología en áreas productivas como minería, agricultura, educación, salud, entre otras.

Como antecedente, y para cumplir con esta tarea, previamente la autoridad regulatoria había ya solicitado la renuncia del Jefe de la División de Política Regulatoria y Estudios, Gonzalo Doña (quien llegó con el actual gobierno) “por un tema de desempeño”, y había contratado a fines de agosto a Geraldine González, quien ya se había desempeñado como jefa de la misma división en el primer gobierno del Presidente Sebastián Piñera, específicamente entre los años 2011 y 2014. Al mismo tiempo, había contratado a dos especialistas externos para colaborar en estudios y planificación de uso de espectro.

Sin embargo, a tan sólo días de presentar por parte del gobierno el Plan Nacional de Espectro ante el Tribunal de la Libre Competencia, se generó una verdadera crisis institucional, puesto que la Jefa de Política Regulatoria, a meses de asumir, renunció y fue desvinculado el Jefe de Fiscalización de la Subsecretaría. Ambas jefaturas son fundamentales para la presentación, defensa ante el TDLC y ejecución del plan de espectro, como también en la definición de políticas públicas en telecomunicaciones. Al mismo tiempo se supo de la no continuación en apoyo de Subtel de uno de los especialistas externos previamente contratados.

Todos estos episodios demuestran la importancia de designación de autoridades competentes para una estabilidad en área tan sensible en la economía y calidad de vida de los chilenos. La ausencia de jefaturas técnicas y prevalencia de una autoridad política que carece de visión de mediano a largo plazo, hipoteca el desarrollo tecnológico del país.

Así, ante una industria expectante ante resoluciones finales, con inversiones congeladas, con una consulta ante el Tribunal de Libre Competencia débil, sin una posición firme por parte del gobierno sobre todo respecto a uso de espectro para tecnologías como 5G y con decisiones contradictorias, hacen ver a Chile como un país riesgoso en inversiones por falta de claridad en políticas de mediano a largo plazo. Se concreta, de esta forma, un mal pronóstico que habíamos visualizado tras la decisión de congelar el espectro y que habíamos escrito con anterioridad.

La solución pasa por claridad en toma de decisiones, cambios en la dirección de la subsecretaría con personal idóneo, un debate amplio respecto al futuro tecnológico del país, con mirada transversal y no sólo economista, una adecuación del uso de espectro que combine mayor competencia y despliegue de redes para todos los habitantes, no importando el lugar geográfico en que se encuentre pero, sobre todo, volver a tener confianza en la institución regulatoria.

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ANÁLISIS

Salida de Telefónica de México, ¿rumor?

Servando Vargas

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A principios de octubre, Telefónica México recibió el premio a las mejores prácticas de Responsabilidad Social Empresarial por parte del Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi), la Alianza por la Responsabilidad Social Empresarial en México (AliaRSE) y Forum Empresa. El galardón obedece a sus prácticas en torno a la “Protección a la infancia en el uso de la tecnología”.

El reconocimiento obtenido por Telefónica en México manifiesta sin duda su firme compromiso social con el país, aún cuando su desempeño en materia de telecomunicaciones en México ha manifestado signos de un desgaste prolongado en los últimos años.

Para entender la situación de Telefónica en México, habrá que señalar que a nivel mundial Telefónica opera en Europa y América Latina. Sus productos y servicios incluyen servicios fijos, móviles y digitales. Estructuralmente está dividida en Telefónica España, Telefónica Brasil, Telefónica Alemania, Telefónica Reino Unido y Telefónica Hispanoamérica, formada por sus operaciones en Argentina, Chile, Perú, Colombia, México, Venezuela, América Central, Ecuador y Uruguay. Sus filiales están involucradas en negocios móviles, fijos, datos y televisión, así como servicios digitales, de acuerdo con cada área geográfica.

En los primeros dos trimestres de 2018 los ingresos de Telefónica a nivel mundial decrecieron 7.0 por ciento mientras que en el tercer trimestre del mismo año, decrecieron 7.8 por ciento con respecto al mismo periodo del año pasado.

Lo anterior, debido a una menor demanda de sus productos y servicios, así como condiciones de mercado adversas, como lo menciona Telefónica en su reporte del segundo trimestre de 2018.

En cuanto a su desempeño bursátil, el operador español ha perdido casi 40 por ciento del valor de sus títulos que tenía en marzo de 2017. Esta baja en el precio de la acción implica que el valor de Telefónica haya pasado de 60 billones de euros a 36 billones de euros. El mayor problema de Telefónica es su deuda, lo cual representa un punto en contra ante una eventual adquisición.

Telefónica en América Latina y su batalla con América Móvil

En América Latina, Telefónica disputa el liderazgo con América Móvil. De los 690 millones de suscriptores móviles en la región a marzo de 2018, el operador español tenía 27 por ciento del total, posicionándose como el segundo jugador más importante después de América Móvil con 33 por ciento.

Juntos, estos dos operadores concentran 60 por ciento del total de suscriptores dentro de América Latina.

Fuente: Reportes de empresas, Ericsson Mobility Report (junio de 2018).

 

El restante 40 por ciento pertenece a jugadores locales o compañías estatales como, por ejemplo, CNT en Ecuador, ICE en Costa Rica, Entel en Bolivia o Antel en Uruguay.

Pequeñas compañías privadas también son parte del ecosistema móvil en la región: Entel en Perú y Chile, Personal en Argentina y TIM en Brasil, entre otras.

Dentro de las economías mas importantes en la región, Telefónica es líder en el mercado móvil en los siguientes países: Argentina, Brasil, Chile y Perú; mientras que América Móvil es el jugador mas importante en Colombia y México.

La batalla entre América Móvil y Telefónica en la región también se da en otros segmentos de mercado. En banda ancha, América Móvil tiene 33 por ciento de participación de  mercado, medido en términos de suscriptores, mientras que Telefónica cuenta con una participación de mercado de 18 por ciento.

En estos mismos términos, América Móvil posee 32 por ciento de participación de mercado de líneas fijas,  siete puntos porcentuales arriba de Telefónica; mientras que en televisión de paga, América Móvil mantiene una participación de mercado de 21 por ciento, muy por arriba de Telefónica con 7 por ciento.

Telefónica en México

En el mercado mexicano, Telefónica contaba con una participación de mercado medido en término de suscriptores móviles del 21 por ciento en el primer trimestre del 2018, muy por debajo de América Móvil con 64 por ciento. Su presencia en otros mercados como banda ancha fija, telefonía fija y televisión de paga es nula o incipiente.

En su reporte del segundo trimestre de 2018, Telefónica manifiesta una caída de sus ingresos en México muy cercana a 20 por ciento, comparada con sus resultados de enero a junio del 2017, mientras que en el reporte del tercer trimestre de 2018, manifiesta una caída de 13.5 por ciento, comparada con el mismo periodo del año previo.

La caída de sus ingresos no es exclusiva de un año a la fecha, sino de varios años atrás. Esta caída se ha dado en función a un deterioro del entorno competitivo, de acuerdo al operador español, y al mismo tiempo por una reducción de márgenes en función de una caída de precios de 40 por ciento, de acuerdo con su director en México.

Fuente: Reporte de compañías e IFT.

 

Telefónica Móviles nace en México en el año 2000 cuando la compañía española realiza la compra de cuatro operadores en el norte del país: Cedetel, Bajacel, Norcel  y Movitel.

La inversión realizada para completar la adquisición fue cercana a los 2 mil millones de dólares. Telefónica pasó de esta manera a controlar totalmente estas cuatro compañías que operaban en el norte de México y que antes de esta transacción eran propiedad de Motorola, operando básicamente redes AMPS y CDMA.

Dos años más tarde, Telefónica adquiere 92 por ciento de las acciones de Pegaso PCS, con el objetivo de lograr cobertura nacional.

Después de fusionar sus adquisiciones, Telefónica implementa su red GSM en regiones en donde no contaba con operaciones y, al mismo tiempo, bajo el nombre de Telefónica Movistar, lanza esta tecnología en el Distrito Federal, Monterrey, Guadalajara y Tijuana.

Históricamente, y durante varios años, Telefónica en México ha tratado de mejorar su participación de mercado; no obstante, este indicador no se ha incrementado. En el primer trimestre de 2018, Telefónica obtuvo la misma participación de mercado en México que en el mismo periodo de 2011 y con una débil posición financiera a nivel nacional e internacional.

El rumor

Con una baja en ingresos a nivel mundial y con una situación complicada en el mercado mexicano, el periódico El Economista de España señaló a finales de septiembre la intención de Telefónica de desinvertir de manera parcial o total en sus filiales en Centroamérica y México. Lo anterior, con el objeto de reducir su deuda de forma acelerada.

Al día siguiente del anuncio del periódico El Economista, Telefónica de México desmintió el anuncio del diario español y poco después señaló que se necesita una mejora regulatoria ya que la regulación actual todavía no le favorece al operador español en México.

La nota del diario español pareciera un simple rumor en función del desmentido por parte de Telefónica; no obstante, habrá que considerar que no es la primera ocasión en que los medios filtran información y que las circunstancias que vive la empresa española a nivel mundial y en el mercado mexicano hacen sentido con la nota de El Economista.

Los activos con que cuenta Telefónica en el mercado mexicano son 25.5 millones de suscriptores móviles, un título de concesión para ofrecer servicios satelitales, espectro radioeléctrico en las bandas de 850 MHz, 1.9 GHz y los 40 MHz que acaba de adquirir en la banda de 2.5 GHz, así como una presencia nacional.

Los rumores sobre la venta de algunas subsidiarias e incluso la venta total de Telefónica, incluyen el interés que ha mostrado AT&T desde hace unos meses, aunque no se ha confirmado nada hasta el momento, como suele suceder cuando existen pláticas en este tenor.

No obstante, la compra de Time Warner por parte de AT&T sugiere que sería muy complicado para el operador norteamericano realizar cualquier adquisición después de haberse comprometido a desembolsar 85 billones de dólares por la adquisición de Time Warner

Conclusiones

La caída del valor de la acción de Telefónica hace atractivo su potencial adquisición por parte de otro jugador del  mercado mundial; no obstante, sus niveles de deuda hacen que cualquier interesado lo piense dos veces.

Es por esta razón que la capitalización de la empresa española vía la venta de sus activos en México y Centroamérica evitarían su venta total, lo cual hace que el rumor tenga sentido.

Para el mercado mexicano, la salida de Telefónica podría ser positiva en función de que permitiría la entrada de un nuevo jugador con nuevas estrategias comerciales innovadoras, generando un mayor dinamismo al sector.

El operador español no ha encontrado la brújula con servicios disruptivos que contrarresten la posición de sus competidores. Su enfoque en el mercado de prepago no ha sido exitoso y sus inversiones no han sido las suficientes, su no participación en la subasta de 1700-2100 MHz es muestra de ello.

Después de la reforma del sector de 2013, parecería que Telefónica reactivaría sus baterías para capturar mayor mercado en México; sin embargo, este importante jugador ha permanecido en un letargo total.

La situación que enfrenta la compañía española tanto a nivel mundial como en México es justificada por Telefónica básicamente por condiciones adversas de mercado (competencia) y de regulación.

En este sentido habrá que señalar que estos entornos son los mismos que tienen todos los operadores a nivel mundial, por lo que el punto relevante que haría entender la situación adversa que vive actualmente Telefónica se deriva de una falta de estrategia global, regional y local.

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